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domingo, 21 de mayo de 2017

EL ETERNO RESPLANDOR DE LUIS EDUARDO AUTE. GUSTAVO CAMPOS

Foto: Daniel Mordzinski

Por Gustavo Campos

El encuentro

«La belleza» fue la primera canción que escuché de Luis Eduardo Aute. Sonaba en las radios interpretada por Miguel Bosé. Una mañana del 2003 un amigo me pidió que lo acompañara a la casa de un par de amigas y que le sirviera de Celestino y no lo abandonara en su misión de conquista. ¡Cuántas veces lo acompañé en calidad de cómplice de caza! Pero este nuevo «safari» se diferenciaría de los anteriores gracias a que el hermano mayor de ellas, ex percusionista de Montuca Sound System, me compartió su biblioteca musical. «Sin tu latido» y «De alguna manera» venían incluidas. Así supe de Aute y días después descargué sus discos y lo oí a diario con auténtica devoción.

Una noche del 2004 conocí a otro fan de Aute, el director de Editorial Letra Negra quien además tocaba la guitarra. Ambos episodios tuvieron en común que la nacionalidad de quienes gustaban su música era guatemalteca.  

Años después encontré a otro fan: el artista plástico Mito Galeano.



Una década después conocí a Luis Eduardo en el Festival Internacional de Poesía de Granada, Nicaragua. Me acerqué y le dije que en mis libros de narrativa mencionaba sus canciones y que tenía casi completa su colección de discos más el DVD Slowly; que siempre tuve por sueño -hasta la fecha- traerlo a Honduras si alguna vez ganaba un premio cuantioso que me lo permitiera.

Después de abordarlo, e incomodarlo, subió al escenario y con gentileza dedicó unas canciones al joven poeta hondureño que tan entusiasta lo había abordado.



Semanas después le envié un e-mail diciéndole que me encantaría entrevistarlo. Ambos volveríamos a encontrarnos en Managua con motivo del encuentro de escritores Centroamérica Cuenta que preside Sergio Ramírez.

Conversamos. Me dijo que tendría tiempo disponible la mañana siguiente para realizar la entrevista. Despertar temprano nunca fue mi fuerte así que la entrevista quedó pendiente.

                              

La última vez que lo oí cantar y leer sus poemas de Volver al agua -su obra completa- fue en La Terraza del Centro Cultural de España en Managua. Pasadas las siete de la noche, luego de que José Ovejero nos ofreciera un performance de dos de sus cuentos y que nos hiciera acaso recordar aquella escena contada por Anaïs Nin sobre su amigo Antonin Artaud cuando éste hacía una representación del teatro de la crueldad, pasamos al patio, donde «la luna parecía una guadaña» y su cielo azul como salido de la paleta de Chagal o Van Gogh. Sobre el público pendía como amenaza un árbol cargadísimo de mangos que se asemejaban a una estampida de brujas de «los caprichos» de Francisco de Goya o a aquellos monstruos que acecharon a Orestes en su lecho.



Luis Eduardo subió al escenario. Exhibieron sus nuevos cortometrajes: Frida, sobre su cama un cuadro de Stalin, Diego Rivera y Trotsky completan el primer corto, a los que le siguen uno de Juana de Arco, otro de Magritte y una parodia del comienzo de Odisea en el espacio de Stanley Kubrick, entre otros. Fue como si a través de esta secuencia de imágenes Aute quisiera mostrarnos el contraste entre barbarie y cultura, el genio del artista, o como Halfon lo llama: El ángel literario.


Entrevista completa

Un perro llamado dolor contiene momentos de una belleza intensa en los que se advierte el riesgo, pero también la grandeza de los hombres que se han entregado al arte con auténtica pasión.
Ernesto Sabato

La producción artística de Luis Eduardo Aute alberga más de una treintena de discos y similar número de exposiciones individuales y colectivas de pintura en todo el mundo, poco más de la decena de libros en los que se encuentran sus poemarios y «poemigas», estos últimos en formato de libro-disco; varios cortometrajes y un largometraje, dos de ellos nominados a los prestigiosos Premios Goya y San Sebastián y expuestos en Festivales de cine de Europa y América. Ha recibido numerosos homenajes musicales –Giralunas y Mira que eres canalla, Aute–, y poéticos –Poesía amiga y otros poemigas para Aute– y el reconocimiento unánime del mundo artístico.

En sus canciones muestra un amplio conocimiento de la cultura e historia del arte, en cuyas composiciones hace referencia a libros, música y cine. El amor, el erotismo y la sensualidad son parte de los temas abordados. Su mundo poético oscila entre el surrealismo y las expresiones coloquiales. De igual forma en su obra se entremezclan el humor, la sátira y el sarcasmo con el desciframiento del «enigma que supone la existencia del animal humano». Aute refleja, según Bonald, la premisa de que «la poesía que no es divertida es oratoria». Ernesto Sabato lo comparó con Rimbaud «por su anhelo de poseer la verdad en un alma y un cuerpo». Fernando Savater se refiere a él como «el pintor de la carne y el alma de los ángeles que le frecuentan». Y para mí es el músico que puedo oír durante semanas sin que su música me aburra, gracias a la variedad de sensaciones y emociones que exploran y producen sus discos.

Esta entrevista constaba del doble de preguntas como si estuviera destinada a publicarse en la revista Rolling Stone, lo que asustó a Luis Eduardo. En respuesta a su desmedida extensión, la tildó, humorísticamente, de «en-cíclope-dica». Al final, siempre amable, con su lúcida ironía y un sentido del humor siempre presto a subvertir cualquier aire de seriedad, me hizo comprender que, a causa de sus innumerables compromisos, su tiempo era poco y que, definitivamente, debía reducirla. He aquí la entrevista dos veces postergada en distintos encuentros en los que coincidimos, cuyo objetivo no es otro más que el de despertar el interés por su obra y trayectoria y para que Honduras deje de ser el único país centroamericano que Luis Eduardo Aute no ha visitado.




Papel que jugaron sus padres en su formación artística.
En el colegio era un pésimo estudiante en todas las asignaturas salvo en dibujo y lengua, donde casi siempre sacaba las mejores notas. Siendo consciente de que tenía una fuerte tendencia a las artes, mis padres me apoyaron en todo momento: me compraban pinturas, libros de arte, una guitarra… Mi padre tenía facilidad para la caricatura y me estimulaba para hacer retratos a toda la familia.

¿Qué significó para Aute el éxito de Aleluya n° 1? ¿Es cierto el mito que circula por las redes que a raíz de esa canción Paul McCartney escribió «Leit it be»?
El éxito de «Aleluya» fue mundial, se hicieron versiones en caso todas las lenguas. La versión en inglés fue adaptada por Sheila Davis e interpretada por Ed Ames con el título «Who will answer» («quién responderá») que llegó al nº 6 de Superventas en la revista Billboard. La anécdota que relaciona la canción a «Let it be» de Paul McCartney se debe a que algunos meses después de la edición de mi canción, McCartney publicaba su «Let it be»… Sucede que, en ese momento, Gil Beltrán el director de mi compañía discográfica, RCA, se encontraba en Nueva York en la sede de la Central de la Compañía, y, hablando con el presidente de la compañía salió el tema de que la canción de McCartney parecía responder a una serie de preguntas que enunciaba «Who will answer» y parecía que la canción del Beatle respondía, en su canción, a esas preguntas en la letra. Es seguro que McCartney escuchó mi canción porque fue, como dije, un éxito mundial, y, según me contaba Gil Beltrán, no es improbable que así fuera. Es una tonta anécdota… en todo caso habría que preguntarle a McCartney.

El éxito de mi canción fue tan desbordante que me pilló muy desprevenido, y en algún momento me planteaba tomar decisiones en cuanto a seguir con mi trabajo como pintor que ya empezaba a realizar exposiciones en Ferias Internacionales o dedicarme a componer canciones y grabar discos. Opté por abandonar la música y seguir pintando. Así estuve cinco años… En vista de que seguía componiendo canciones que cantaban otros intérpretes, y estimulado por José Caballero Bonald para que volviera a grabar, decidí no decidir nada y seguir pintando y componiendo. Así hasta 1973, año que grabé «Rito» producido por Pepe Caballero Bonald que trabajaba para la compañía Ariola como responsable del catálogo de flamenco.

La canción «Enamorarse o morir» la cierra espectacularmente con una cita de La Divina comedia. Este mismo recurso lo utiliza en «Slowly». Y si bien recuerdo, en otras canciones.
En muchas otras… me divierte incluir «citas» de otros autores siempre que añadan otra perspectiva al motivo de la canción.

En una ocasión le oí decir que la canción «Mojándolo todo» nació como poema. Cuéntenos al respecto. No está de más comentarle que «Sin tu latido», «De alguna manera» y el disco Mano a Mano, a dúo con Silvio Rodríguez, son muy populares en Honduras.
Efectivamente, «Mojándolo todo» fue, en principio, un poema escrito en verso libre que acabé poniéndole música.

De todos sus discos, ¿hay alguno en especial que le haya hecho sentir que todo encaja, melodía, ritmos, vibras, sintonías, letras… como si fuera un universo cerrado y cósmico?
A partir de «24 canciones breves», en casi todos, si no, no los hubiera presentado. Pero, probablemente el disco más «cerrado» en el sentido que me preguntas, donde junto poesía, música y pintura, es «Templo».


En una entrevista le oí hablar de varias de sus grandes influencias, entre ellas Leonard Cohen, Bob Dylan, entre otros. Háblenos al respecto.
Las primeras influencias fueron diversas. Muy al principio fueron los poetas/compositores franceses: Brel, Brassens, Ferré… Ellos me descubrieron que la poesía podía ser cantada. Luego descubrí a Dylan, que también me sorprendió en ese sentido. También me influyeron la hondura y la sensibilidad «minimalista» de Yupanqui, la musicalidad de los Beatles… muchos.

¿De dónde provino la palabra «Albanta»?
«Albanta» fue una palabra inventada por mi hijo mayor, Pablo. Surge de un poemita que escribió cuando tenía 4 años, decía así: «Las alas del agua/ vuelan por los ríos de Albanta».
La palabra me pareció muy bella y sugerente… Le pregunté qué significaba esa palabra, y me respondió: «nada, se me acaba de ocurrir».

Leí en Sony music que recientemente 16 artistas le rindieron homenaje, disco al que llamaron «Giralunas» y en el que viene adjunto un DVD con un mediotraje de 30 minutos. El grupo de artistas lo integran Natalia Lafourcade, Miguel Poveda, Estopa… Antes había aparecido Mira que eres canalla, Aute, donde cantan Ana Belén, Fito Páez, Joaquín Sabina, Pedro Guerra, Jorge Drexler, etc. Qué significa un homenaje para Luis Eduardo Aute.
Te puedes imaginar, una enorme satisfacción… y pensar que no fue en balde todo el trabajo realizado, para algo sirvió.



De todas sus canciones, a cuál considera como su art poetique.
Tal vez «La Belleza» … pero ese «art poetique» creo que todavía está por escribir.

Ahora pasemos al cine, a su experiencia como guionista de Cibeles, que fue galardonado como el mejor guion experimental del Festival de Cine de San Sebastián.
El cine siempre me interesó como «arte total» en cuanto a que integra todas las artes y, además, tiene un lenguaje propio. En algún momento, cuando andaba por la veintena quise dirigir películas y trabajé en algunas como «meritorio» de dirección, para conocer el oficio.

Ernesto Sabato dijo que Un perro llamado dolor «contiene momentos de una belleza intensa». Goya, Dalí, Frida, Picasso, entre otros pintores, aparecen en ella. ¿La considera su obra más ambiciosa?
«Un perro llamado Dolor», mi único largometraje, sólo fue candidata a los Goya de animación, no recibió el premio. Pues sí, creo que es mi trabajo más ambicioso.

Háblenos de los «poemigas» y de sus primeros poemarios publicados.
Sí, son unos textos breves que escribo, un poco aforismos, un poco greguerías, un mucho juego de palabras… Todos ellos se están recogiendo en la serie «AnimalHada». Ya hay seis entregas con la aparición, en breve, de «El SEXto ANIMAL» editado por Espasa-Calpe.



Háblenos de Volver al agua.
«Volver al agua» es el título genérico que recoge toda mi obra poética que consta de 3 poemarios: «La matemática del espejo», «La liturgia del desorden» y «Templo de carne».

¿Cuáles considera que son los temas que más explora en sus obras de arte?
Todo lo referente al enigma que supone la existencia del animal humano, todo el Universo que lo conforma.

A sus pinturas las caracteriza el erotismo, además del influjo onírico y surrealista, con elementos simbólicos como peces, pubis, pezones, sangre… ¿Baudelaire, Picasso, Magritte y Chagall podrían mencionarse como parte de sus influencias?
Sí… y Marcel Duchamp, Buñuel, Goya, Velázquez, Bacon, García Lorca (sus dibujos), Lautréamont… y, sobre todo, la poesía de Paul Éluard.


¿El homenaje «Giralunas» y el libro Volver al agua estarán a la venta en Honduras?
No lo sé, pero me encantaría que estuvieran distribuidos en Honduras.

Algo que sepa de Honduras o que quiera compartir o decirle a sus fans de este país.

Lamentablemente, apenas tengo información sobre Honduras y su actividad cultural… Tengo algún conocimiento sobre la obra de Juan Ramón Molina, de Jacobo Cárcamo, de Roberto Sosa… y poco más.





POEMAS DE VOLVER AL AGUA


DIOS SE LO PAGUE  

Ha sido 
un combate a vida, 
un cuerpo a cuerpo 
contra la vida misma.  

Desde este cadáver de palabras, 
a mi efímera vencedora 
suplico 
el derecho a ausentarme 
durante alguna eternidad 
de la mortaja que son sus latidos.  

Dios se lo pague.

GÉNESIS  

Hízose de sol a sol, 
a su propia imagen y semejanza 
a base de observarse en la sangre que manchaba 
las siete lunas que rompió 
en su ceguera.   

CON PACIENCIA Y CON SALIVA  

Con paciencia y con saliva 
se tiró un elefante a una hormiga 
muerta 
la más triste historia de amor... 
¿o no?

COMO LA MUERTE  

Como la muerte 
la única diferencia es 
este tremendo esfuerzo 
este tremendo esfuerzo por respirar


VOLVER AL AGUA

Y después
de los fuegos ahogados
por las matemáticas del espejo,
las liturgias del desorden
y otros templos
de mundos, demonios y carne,
cuando ya el crepúsculo
es oro que baña los restos heróicos
de naufragios por venir
y la noche de hielo se presiente próxima,
me apresura la inaplazable sed
de volver al agua,
al origen mismo donde se fraguara
el hierro de la vida,
con la irreductible intención de revivir
desde las húmedas pavesas de lo vivido,
tiernos incendios de olas
en tus sueños,
y en los míos,
feroces océanos de luz
entre humos de espumas olvidadas,
con el soplo apenas
de mi latido
más ávido de ti.
Pero antes,
tendré que quemar con lágrimas
todas las fotografías.

EL TERROR QUE PRODUCEN LAS UÑAS

El terror que producen las uñas
cuando se clavan en el aire
algo así como la pupila ametrallada
por la primera luz después del sueño
como las palabras en su doble trampa
de muro y espejo
como la heroica decisión
de seguir esperando no se sabe qué
cierto que la estupidez
(que posee una peligrosa capacidad
para tomarse a sí misma en serio)
dulcemente asesina



ELEGÍA AL ACEITE DE RICINO


El hombre histórico es un hombre moderado,
construido; el biológico es el origen, lo primero.
-Marco Ferreri-

Me apresuré en emitir un vómito,
¡hélas!
Oh gratuidad de la materialización de una náusea
dadas las circunstancias políticas
no es conveniente ni oportuno.
Esperanza, compañero, confianza,
¡abajo los escepticismos personalistas,
retrógrados e insolidarios!
Vómitos del mundo, uníos
UNO A UNO
y ahogad en bilis pura
a los constructores de futuros.
Que no sean también vuestros jugos gástricos,
alimento para sus calculadas estrategias.


LAS REGLAS DEL JUEGO  

No es jugador 
quien impone reglas al juego,  
es un impostor.

HUEVO O ZIGOTO

Finalmente el principio
del final que empieza
o
la gallina
fue antes que el huevo que puso
fin al principio de la gallina que lo puso.


CAN DE CANÍBAL

Perro te digo perro,
no muerdas, suéltame
un diente
uno nada más
que uno, perro
angular de la Esfera.



EL HÉROE ABSOLUTO  

Nunca admitiré tu parca sonrisa. 
Mi decisión es firme, rotunda, 
irreversible. 
Y por defenderla, me comprometo 
a pagar con la vida si es preciso. 
No. 
Nunca admitiré tu sonrisa, 
Parca.   

NOBLEZA OMBLIGA  

Si Dios tuviera cuerpo humano, 
con toda certeza no tendría 
ombligo.


NO SOY DIGNO

No soy digno, mujer,
no soy digno
de entrar en tu morada.
No debe ser el Paraíso
cueva para el ladrón
encarcelado.
No soy digno, mujer,
no soy digno
de entrar en tu morada
aunque las catedrales
estén llenas de polvo, cenizas
y nada.
No soy digno, mujer,
no soy digno
de entrar en tu morada
porque, como los tiranos,
no querré salir nunca
de ella.
No soy digno, mujer,
no soy digno
de entrar en tu morada.
Es vientre la mar para el pirata
no para el viento que besa
su bandera.
No soy digno, mujer,
no soy digno
de entrar en tu morada.
Lo haría, únicamente,
si me lo pides
indignada.
No soy digno, mujer,
no soy digno
de entrar en tu morada
si me amas, como yo te amo,
sobre todas las cosas.




martes, 10 de noviembre de 2015

“El poeta destruye y revaloriza la poesía”


Foto: Armando García 


 

  Entrevista de diario El Heraldo a Gustavo Campos.

Por Oscar Urtecho

2012


Con apenas 28 años y cinco libros a cuestas, es evidente que este escritor sampedrano se ha tomado en serio su oficio y busca construir una obra sumamente original y de calidad.
Gustavo Campos confiesa que siempre ha sido un hombre ensimismado y que hasta “ahora platica un poquito más”. Afortunadamente, en esta entrevista no dejó que esta confesión influyera sobre sus respuestas y habló largamente sobre su condición de escritor, su vida y las luchas que hay detrás de su obra.
Tiene apenas 28 años y ya ha publicado cinco libros: Habitaciones sordas, Desde el hospicio, Bajo el árbol de Madeleine, Los inacabados y Katastrophé. Un conflicto existencial y estético recorre toda su obra: Campos busca establecer un diálogo con los grandes referentes de la literatura mundial, a quienes cita obsesivamente, pero también quiere distanciarse de ellos y crear una obra absolutamente original. Esta ardua y optimista meta que se ha propuesto deja en evidencia la extrema seriedad con que Campos ha tomado el oficio de escritor. Estas son sus palabras:


O.U. ¿En qué consiste la educación de un escritor?

G.C. En la lectura, pero más en las experiencias. Yo siempre he manejado que si se dice algo en el discurso y se siente muy real, es porque esa persona ya lo tenía en su interior. Para decirlo clínicamente, es una especie de patología del ser y hay algo que la desencadena y uno empieza a escribir y a encontrarse uno mismo en otros poetas. Para mí esto consistió en una gran actividad de lectura, tanto que incluso no podía establecer ningún vínculo con nadie. Yo siempre había tenido problemas de niño, era callado, ensimismado, ahora platico un poquito más, antes era imposible que me sacaras una palabra, y por medio de la lectura encontraba que había otras personas similares a mí y me volví obsesivo con la lectura. Yo no hacía nada más que leer, leer, leer, leer.


En tu primer libro, Habitaciones sordas, algunos versos parecen hechos para escandalizar o crear aversión. Luego, en Bajo el árbol de Madeleine y Desde el hospicio, se vuelven más estilizados, incluso hacen referencias críticas a la poesía nacional. Hablanos un poco de la evolución que hay entre tu primer texto y los otros.

Yo he tenido la fortuna de ser bastante objetivo con eso. Habitaciones sordas estuvo un año en la editorial antes de publicarse, obviamente fue un año de lecturas, de trabajo, y para ese entonces ya estaba también Desde el hospicio. Hubo un momento en que ya no quería publicar Habitaciones sordas y por eso cuando presenté este libro, dos años después de su elaboración, también leí poemas de Desde el hospicio. Básicamente le quería dar a entender algo a la gente, era como hablar mal de ese primer libro, como decir que era solo el primer intento. Habitaciones sordas era un grito solitario. En la época en que lo escribí sentía una identificación con todo aquello que fuera feo, que fuera horrible para la gente, porque yo consideraba que estaba en ruinas y que solo aquello que estaba en ruinas podía tener algún significado de bienestar para mí. Yo detestaba lo bello porque miraba que todo el mundo lo admiraba, y que lo feo todo el mundo lo detestaba, y yo me sentía parte de todo lo feo. Con Desde el hospicio trato de bajar ese grito y hacer ese diálogo que decís con varios escritores, pero también con autores que a mí me gustan y con la misma poesía. Por ejemplo: en el primer poema de Desde el hospicio es la poesía la que habla, cuando dice “Me alimento de poetas que fracasaron en su vida”. Bajo el árbol de Madeleine también es contemporáneo a esos, pero en él la intención era otra. Madeleine es la poesía, por eso el libro se llama Bajo el árbol de Madeleine, pero Madeleine también es la locura, porque así se llamaba un recinto para los locos, según cuenta Michel de Foucault en Historia de la locura en la época clásica.


Tengo entendido que tu papá se suicidó. ¿Cómo influyó esto en tu vida y en tu oficio de escritor?

Antes de que mi padre se suicidara, yo ya escribía y leía, porque mi papá era un gran lector y él me daba libros y me decía: “Tenga, niño, lea”, ese fue mi primer acercamiento. En ese entonces muchas cosas empezaban a cambiar, había un tema de violencia intrafamiliar y yo era el único que confrontaba a mi padre, a quien respetaba y admiraba mucho. El padre es generalmente el muro de disciplina en el que uno siempre pega, pero si ese ideal de disciplina se empieza a agrietar y vos le perdés el respeto, entonces vos lo querés saltar, y quizá por eso ahora yo en la literatura siempre quiero estar rompiendo con algo. Si yo ya evidenciaba cierta tendencia al aislamiento, el suicidio de mi padre lo que hizo fue encerrarme más, por el shock, en una especie de investigación de mi alma, espíritu, corazón, que estaba muy maltrecho y yo necesitaba restaurarlo y entenderlo, y en esa búsqueda de comprensión de mí mismo me interné en los libros tratando de descubrir algo que me ayudara a explicarme por qué sucedían estas cosas. En algún lugar de Desde el hospicio dice: “Los versos fueron mi única familia”, y al tomar esa nueva familia que era la literatura, también tenía que chocar con ella, romper con ella, y empecé a golpear ese ideal de literatura porque me desencantó. En mis libros siempre hay una especie de devaluación, de riña con la literatura. Si te soy sincero, yo no hubiera querido ser escritor, y por eso es que me molesto, es como si me hubiera tocado una maldición a lo mito griego por algo que me han obligado a ser, porque yo quisiera hacer otras cosas, pero de pronto soy muy ensimismado para hacerlas.


Esta idea del escritor predestinado es demasiado romántica, ¿no te parece?

Sí, yo tenía cierto romanticismo al inicio, en mis primeros libros, pero luego afortunadamente empecé a descubrir mi voz. Pero sí, yo me imaginaba idílicamente y románticamente, tenía esa visión lautremoniana de que moriría joven, a los 23 años, que todo acababa, que todo se devastaba, y que la única razón eran los libros. Después de eso pasé a otro plano, desde la posmodernidad, con ese afán de estar contra la misma estructura, porque cuando vos descubrís que la literatura es tu herramienta de salvación, entonces querés estarla jodiendo, rompiendo con ella, porque uno se forja en la poesía y peleando con ella, en una especie de duelo de titanes, la utiliza como herramienta para destruirla y para revalorizarla de alguna manera, quizá porque el poeta quiere encontrar su propio espacio en la poesía, encontrar que uno también puede hacer algo.


Cuando decías que buscás romper con la literatura, estás dando por sentado que hay una tradición con la cual romper. ¿Con qué rompe un escritor hondureño?

La pregunta es difícil de responder. Cuando empiezo a escribir no estoy rompiendo con ningún escritor hondureño. Los inacabados, Desde el hospicio, son como los cimientos con los cuales he empezado a construir una obra, porque a veces parece que aquí en Honduras estamos condenados a elaborar solamente chozas. Hay buenos escritores, pero no se puede compararlos con un Joyce, con Beckett, con genios. Al principio era una cuestión de comprensión, de entenderme, de romper conmigo mismo. Luego me doy cuenta que también yo no valgo nada y encuentro que también puedo romper con otras formas, aunque no sean de acá, de Honduras. En ese momento era con la poesía de Roberto sosa, porque no era decididamente lo mío, yo estaba por otras tendencias, siempre me sentí más cercano a Nelson Merren, al mismo Edilberto Cardona Bulnes y a José Luis Quesada. Pero no es que he tenido literalmente la intención de romper con ellos, se trata más bien de la mentira que nos tenemos todos los escritores de que vamos a escribir una obra novedosa. Yo recuerdo que la primera mentira mía al acercarme a la literatura fue una que me dijo Jorge Martínez cuando le presenté mis primeros poemas, a los 16 años, me dijo: “Sabe qué, Gustavo, usted tiene que seguir escribiendo porque tiene un don que le pertenece a la humanidad y tiene que escribir para devolvérselo”. Entonces yo me quedé con esa idea de mártir, y era quizá el ego de creer que uno podía construir una buena obra para el mundo, de que yo sí tenía algo que decir. Ahora siento, con todo el movimiento que se está creando, que no hay excusa como para no elaborar una obra que no sea buena. Pienso que para Henry Miller, Charles Bukowski y para todos esos escritores malditos era más fácil escribir, porque vivieron en sociedades que se alimentaban de los mitos, así que ellos tenían un mercado, pero eso no existe aquí.


Respecto a eso, según Bukowski, algunos se quejan de que las condiciones en que viven les impiden escribir, pero quien no es escritor, sin importar las condiciones en que esté, no podrá escribir…

No es que me contradiga, pero estoy muy de acuerdo con eso. El problema es que podés ser buen escritor, pero no vas a tener la publicidad o el mercadeo que puede tener otro por allá, ese asunto de la mass media que te puede permitir mercadearte, venderte, la probabilidad de llegar, a través de las grandes editoriales, a un mayor número de lectores, aunque ahora existe la herramienta de Internet, que no hay que desdeñar. Cuando me refería a que para ellos era más fácil no lo dije desde del asunto de ser escritor, sino desde el asunto de que nosotros podemos acceder a libros de Henry Miller y de Bukowski o de Celine, pero ellos no pueden acceder a nuestros libros. Es una cuestión de política editorial, para ellos es más fácil por el mercado. En mi último libro, Katastrophé, yo hago una queja explícita: ¿no estamos en la obligación de crear una obra monumental al menos en retribución a toda la cooperación monetaria que nos han dado? No podemos pasar toda la vida quejándonos de las condiciones en que vivimos. Yo todos los libros que he publicado han sido con mi propio dinero, con préstamos. Escucho de mucha gente se queja porque no hay apoyo del gobierno, pero yo creo de forma parecida a José Luis Quesada: cuando un escritor es bueno, se sobrepone a cualquier obstáculo y lo pasa.


Siguiendo está línea de pensamiento, ¿para quién se escribe? ¿Debe el escritor supeditar su obra a las reglas del mercado?

No, no debe hacer eso. Para complementarte esta pregunta con una que me habías hecho anteriormente, con qué rompía como escritor, con qué escritores, creo que uno rompe con la misma escritura. Y es que a veces la literatura te aburre, yo les recomiendo a mis amigos que no lean, porque hasta los temas que van dentro de mis libros me parecen aburridos, pero también hay que ver qué tipo de literatura es la que aburre. Yo soy de los que opinan que uno tiene la libertad total de crear lo que uno quiera, algo que generalmente corresponde a la psique del escritor, a las frustraciones, preocupaciones, pero jamás debe estar supeditado a los mercados ni a que lo van a leer mejor si escribe de cierta forma. Pero te repito, y esto es algo que quizá a mucha gente no le guste, pero a mí la literatura normalmente me parece aburrida. A veces yo paso triste porque agarro un libro y luego otro y no encuentro algo, pero de pronto, de pronto encuentro algo y me siento tan pero tan contento y digo por fin…


Mencionaste a José Luis Quesada y Nelson Merren. ¿Qué diferencia mirás entre estos escritores “consagrados” y la generación de jóvenes poetas que busca hacerse un nombre actualmente?

Ellos tuvieron de alguna manera un motivo político, incluso Merren en el Color del exilio. Entonces cuando yo los leía sentía como una especie de separación, porque se veía como impostado y no ético. Merren se atrevía a lo social, pero desde otra perspectiva. No es el caso de Sosa, porque a qué persona le va a gustar que venga alguien y se autoerija la voz de todos. “Los pobres son muchos y por eso es imposible olvidarlos”, dice Sosa en tercera persona, dando entender que él es la voz autorizada para hablar del pueblo. Vos encontrás en los poemas de Nelson Merren y en los de José Luis quesada que también se habla de esto, pero desde dentro. Sosa es como si dijera yo no soy pobre y los estoy viendo y los estoy narrando desde una posición totalmente superior, como observador, como un pequeño dios, pero en Quesada encontrás que dice: “Nuestro tiempo es cruel y difícil, pero el amor lo sobrepasará, unos con otros nos ayudaremos”. Para concluir: ¿qué es lo que nos diferencia? Mayor libertad, porque nosotros, como somos una generación posterior, podemos observar aquello, valorar y escribir entorno a eso, si así lo queremos, porque, por lo menos en San Pedro Sula, siempre está esa intencionalidad de borrar el referente.


Me llama la atención que las objeciones que le hacés a Sosa son morales y no de índole formal, que es donde está la calidad de su obra. ¿No es injusto hacer ese tipo de objeciones?

Sí, y estoy consciente de eso. Cuando leo los comentarios de Hernán Antonio Bermúdez y veo lo que dice sobre ciertos escritores, que tuvieron que pagar un tributo a la época (las décadas del 70 y el 80), pienso que por eso la obra de Sosa es así. Sin embargo, creo que en algún momento puedo cambiar de opinión sobre la obra de Sosa, como ya lo he hecho en algunas ocasiones, porque antes yo miraba a Sosa como una especie de Campoamor, pero obviamente eso es injusto, porque realmente la obra de Sosa es admirable. Para mí, Un mundo para todos dividido es uno de los siete mejores poemarios que se han hecho en Honduras. El problema que yo veo es en cuanto a la moral del autor. Por ejemplo: cuando el publicó su primer poemario, Caligramas, viene Andrés Morris y le dice que todo el libro está mal y que todos en Latinoamérica están haciendo lo mismo. Entonces él cambia en su obra posterior, ¿por qué no fue fiel a sí mismo?, ¿por qué elige el camino que le indicaron, a diferencia de otros que siempre han sido fieles a su obra, a su autenticidad? La contrariedad para repensar en el caso de Sosa es la siguiente: su compromiso fue con lo estético, pero en su discurso se construye un universo ético y moral que difiere de esto, eso es lo que yo considero cierta impostura, que es válida, por supuesto.


Decís que te aburre la literatura, incluso la tuya, pero por lo que veo, tu vida está absolutamente dedicada a ella. ¿Se trata de una pose?

Ja, ja, ja… con esta pregunta me siento un poco farsante. Creo que el asunto no es contra la literatura como arte, sino contra la seriedad de alguna gente que defiende a ultranza la literatura en detrimento del cine y de otras formas de arte, o de otro tipo de lecturas. Carlos Lewis, por ejemplo, se dedicó mucho a la matemática, y está Georges Perec, con su interés por la arquitectura. Uno no pierde nada con leer libros que no sean de literatura, pero tengo amigos escritores, por ejemplo, que no escuchan más que jazz o música clásica, porque eso los hace estar en un estatus alto de intelectualidad. En mi libro Katastrophé hay un cuento que se burla de eso, porque yo disfruto de ese otro tipo de expresiones humanas que no necesariamente te dan el estatus de intelectual.

Fuente: El Heraldo

martes, 7 de enero de 2014

Limonov por Limonov.



A Edouard Veniaminovitch Savenko, alias Limonov (1943), lo conocemos gracias la aclamación del libro del escritor francés Emmanuel Carrère titulado simplemente Limonov. Desde su publicación en 2011, ha vendido cientos de miles de ejemplares en el mundo debido a que su objeto de estudio es este escritor ruso tan multifacético.
Sin embargo, el Limonov de Carrère es, hasta cierto punto, una creación artística; hay un Limonov real y diferente, o al menos así lo refiere él mismo en esta entrevista, la cual  tradujimos casi en su mayoría del francés. Le entrevista fue llevada a cabo por el periodista Axel Gyldén en el invierno de 2011-2012 en París, justo después de la publicación del libro de Carrère, y fue tomada del sitio oficial del escritor ruso en idioma francés (donde pueden encontrar más detalles de su obra y vida).


A comienzos de la década de 1990, usted desapareció de los medios franceses y fue exiliado de los ambientes literarios parisinos debido a su apoyo pro-serbio en Yugoslavia. Pero, de pronto, el libro de Emmanuel Carrère ha hecho de usted un fenómeno literario. ¡Vaya resurrección!
Lo veo como una victoria, una revancha y asimismo como una venganza. El mundo solemne de las letras francesas me veía por encima del hombro desde hacía veinte años y ahora me le impongo una vez más como el héroe de una novela muy popular. No solo es agradable, sino también demuestra que sigo interesándole a los franceses. La lógica es esta: Francia es una gran nación literaria y yo, yo soy un gran escritor comparable a Céline o a Jean Genet. Y, lo mejor de todo esto, es que me impose de nuevo sin tener que renegar de mí mismo. No me doblegué, no cedí ni puse una rodilla en tierra. El libro de Carrère es un reconocimiento de mi persona en su totalidad. Tienen que aceptarme tal y como soy. Soy un poco como Bakunin, el teórico del anarquismo y quien dio las bases del socialismo libertario, cuya notoriedad incluso exasperaba al mismo Marx hasta que no le quedó de otra más que constatar la importancia de Bakunin, quien era reconocido en el mundo entero. Y parece que, de acuerdo a Le Canard enchaîné [periódico satírico], Nicolás Sarkozy ha recomendado a su equipo que se lea Limonov de Carrère. “Quiero entender a la Rusia”, dijo, “no hay que olvidar que este país es 46 veces más grande que Francia”. Es también una buen indicio de mi popularidad, la cual evaluo en dos extremos: la mitad de la gente me odia y la otra mitad me admira. Y el meollo de todo esto es que no busco la admiración ni me preocupa el odio de algunas personas.

No todo mundo es admirador de Edouard Limonov. Los jurados del Premio Gouncourt en el 2011 eliminaron su nombre con el pretexto de que usted sería particularmente antipático…
No me sorprende. He leído comentarios adversos de Didier Decoin, la Secretaria General de la Academia Goncourt. Su opinión refleja el tipo de pensamiento en voga en Francia, un país ideológicamente anticuado y arcaico donde los intelectuales se resguardan en dogmas trasnochados; viven en la época del estalinismo y del nazismo, no comprenden nada de la modernidad. De cualquier forma, los premios literarios son una mierda. Mira el Premio Nobel, siempre desapercibido de la realidad. Solamente un puñado de genios lo han ganado mientras que un centenar de escritores mediocres son premiados con él. ¿Quién, por ejemplo, se acordará de Tomas Tranströmer, laureado en el 2011? El Premio Goncourt es mucho peor. El librito de Carrère es, al parecer, muy superior a L’Art française de la guerre de Alexis Jenni, a quien no he leído, y, por esa misma razón, se lo dieron. Sin embargo, es verdad que la mayoría de los premiados con el Goncourt pasan a mejor vida apenas los premian.
Es inútil preguntarse sobre la naturaleza humana, es vindicativa, revanchista y envidiosa. En Rusia las cosas son iguales, porque una parte de la intelligentsia me detesta. A veces, los demás de mi generación me envidian porque yo soy famoso y ellos no. Es una historia tan vieja como el mundo; los escritores cristianos ya escribieron suficiente sobre el poder del sentimiento de la envidia.

De cualquier forma, usted tiene una gran deuda con Carrère y su libro, las ventas rozan la cifra record de 300 mil ejemplares.
¿300 mil? Mucho mejor para él. Pero, sabe algo, en mi país la difusión de algunos de mis libros han rebasado los millones, notablementeLe poète russe préfère les grands nègres y Oscar et les femmes. Es justo que mencione el éxito de las ventas, lo reconozco. Es verdad que el éxito de Carrère me ha ayudado, pero yo también he ayudado a él. Nuestra pareja es similar a la de Régis Debray y el Che Guevara. Sin los franceses, quienes introdujeron al revolucionario al público europeo, Guevara no hubiera tenido probablemente la misma aura. Lo mismo Jesucristo: sin la traición de Judas, el hubiera sido, tal vez, olvidado en la historia. Yo sé como funcionan las cosas; la imagen de la Sibila que guía a Eneas hacia las flamas, en la Eneida de Virgilio… hacen falta dos para penetrar en el infierno. Todo esto es bueno, porque Francia se interesa de nuevo en mi obra, la cual está compuesta por más de cincuenta libros. Le poète russe se ha agotado y no ha sido reeditado. En Amazon, su costo rebasa los 300 euros. La verdad sea dicha, yo estimo que su verdadero valor debería ser alrededor de 3 mil, tal vez 30 mil euros, pero bueno. Será reeditado muy pronto, supongo, y varios de mis libros, ahora inéditos en Francia, serán traducidos también.

¿Cuál de todas sus vidas prefiere? ¿La de bribón, poeta, vagabundo, ayudante de cámara, escritor, soldado, político?
Pero, si no he tenido más que una sola vida. Emmanuel Carrère concibe todas estas secuencias como las piezas de un mosaico inverosímil. Según yo, él tiene coherencia con algunas raras excepciones. Los periodistas franceses me han preguntado si el Limonov de la novela coincide con el original; yo me rehúso a responderles. Un día, a lo mejor, diré lo que realmente pienso del libro de Carrère. Él ha leído todos mis libros, todos mis artículos y me entrevistó durante quince días. De cualquier forma, ha hecho un buen trabajo, incluso aunque un escritor ruso habría hecho probablemente un retrato diferente. Carrère me describe como un tipo frío y es divertido porque, en mi opinión, él lo es bastante más; es reservado, firme, inhibido. Entre nosotros hay una gran diferencia. En cuanto a mí, yo no tengo miedo de presentarme tal cual soy con mis defectos. Él quiere tener una apariencia aceptable. Le falta madurar un poco. Está bien no ser perfecto, tener imperfecciones. Yo siempre pienso que tengo mucho que decir. El tiempo que viví en París, en el Marais, yo quería que alguien me escuchara. Ahora, tengo una oportunidad una vez más de explicarme para que los franceses sepan quien soy. Algunos dicen que soy un antihéroe o un cabrón. Es falso. Soy, al contrario, un caballero agradable digno de respeto. Sólo hace falta tiempo para que comprendan mis motivaciones.

Hasta ahora, toda la vida política rusa del siglo xxi ha estado dominada por Vladimir Putin. A pesar de la aversión que le inspira, ¿admitiría que el maestro de Kremlin es un político hábil?
Putin no es un político, es un administrador, siempre lo ha sido. Cuando, en los años de 1980, él era un pequeño coronel de la KGB en Dresde, en Alemania del Este, no hacía el trabajo de un oficial, sino de un burócrata que cada día debe encontrar la mejor manera de pasar el tiempo. ¿Y por qué? Porque la Stasi [policía secreta alemana] era muy eficiente y no necesitaba gente de la KGB. Después, Putin trabajó como funcionario adjunto a Anatoli Sobchack, el alcalde de Leningrado —rebautizado San Petersburgo en 1991 bajo su mandato—. En realidad, la carrera de Putin no es la de un político que debe pugnar por un lugar en el seno de un partido y que enfrenta luchas internas. Él nunca ha sufrido una competencia. Entró a la política por una puerta secreta como un colado, cuando Boris Elstine, ya viejo, lo designó como su sucesor. Entonces, después de sus dos mandatos (2000-2008), Putin se ha comportado como un playboy, perezoso y superficial, le gusta disfrutar los atributos materiales del poder. Recuerde la tragedia del submarino Koursk en el 2000: ni siquiera tuvo la cortesía política para interrumpir sus vacaciones en Sochi para manifestar su solidaridad y compasión con los familiares de las víctimas. Es un imbécil.

¿Es Vladimir Putin un dictador?
Sí, pero no es uno del siglo XX, sino un dictador del siglo XXI y por eso es diferente. Stalin gobernaba por la violencia y el terror; Putin por la mentira absoluta. La televisión miente, la justicia miente, nuestros funcionarios políticos mienten, los partidos políticos son falsos y las elecciones son un simulacro de la democracia. Putin ha construido una villa Potemkine donde nada es verdad.

En su opinión, ¿cuál es el lugar de Rusia a escala internacional hoy en día?
¡A la altura de la bota de los Estados Unidos! Mire el comportamiento de Putin el 12 de septiembre de 2001, al siguiente día de la tragedia de los atentados terroristas en Manhattan. Lloriqueó, fue un mar de lágrimas. Está bien expresar su humanidad, pero ¿qué significó eso? La concesión a los Estados Unidos del usufructo de nuestras bases militares en Asia central, así nomás, sin contrapartida. En pocas palabras, se ha entregado Asia a los estadounidenses.



Comete un error, porque Occidente le tiene miedo a Putin…
¡Qué buena broma! Occidente no le tiene miedo a nadie. Los dirigentes europeos son caníbales, siempre están listos para aplastar al resto del mundo.
 ¿Europa tiene miedo de Putin? Pero si es la Europa que ha aterrorizado al planeta durante dos milenios. Y, en este punto, los musulmanes tienen razón. Europa es una fuerza destructiva y sus dirigentes son caníbales. En cuanto a Rusia, ella jamás, jamás, jamás ha agredido a Occidente. Napoleón fue quien vino a nosotros, lo mismo Hitler: el apetito de los europeos no tiene fondo.
Cuando veo las “fotos familiares” de los consejos de ministros europeos, no puedo evitar pensar en su voracidad de conquistadores, se le ve en sus feos rostros. Parecen gente que ha bebido alcohol durante generaciones enteras, con el aliento podrido. Con esas caras, esos ojos, se pueden devorar niños todos los días. Mire a los holandeses, son sádicos. Siempre escuálidos, muy agresivos. No olvide que su número de participantes fue grande en los rangos de la policía de Hitler. Ahora apoyan las campañas militares de Estados Unidos y de Gran Bretaña. Son aficionados a la destrucción, diría. Siempre están listos para prestar ayuda a los estadounidenses.
Viniendo de un admirador del imperialismo soviético, la crítica contra el imperialismo europeo es un tanto sorprendente…
Hasta donde sé, no fueron los soviéticos quienes colonizaron las dos Américas, África, India o la Indochina, fueron los europeos.



¿Cómo le gustaría morir?
Siendo asesinado, eso sería más digno. Es mejor que morir de un ataque de hemorroides.

¿Qué le gustaría que se dijera de usted? ¿Cómo le gustaría que fuera su funeral?
Me da igual. Sin embargo, me gustaría que las personas se interesaran en mi vida y en mi obra después de mi muerte. Ya advertí a mis amigos del partido, nada de embalsamiento. Y, si alguno viese que me erigen una estatua, que la destruya con un martillo neumático.



¿Qué le gustaría heredar a las nuevas generaciones?


La idea de que es posible ser un héroe en el siglo XXI.


Traducción de Francisco Serratos.



Fuente: Blogindie