martes, 21 de junio de 2016

Los vagones de Kalton Bruhl. Por Gustavo Campos

Los vagones de Kalton Bruhl: Una aproximación a su vida y obra.

Kalton Bruhl, Jessica Sánchez y Gustavo Campos. 2016.

Sensini

Nos conocimos con Kalton en la premiación de un concurso de cuentos como los personajes de “Sensini” de Roberto Bolaño. Él había obtenido el primer lugar con “Banana republic”, antologado posteriormente en Historias de la imposición yanqui sobre Hispanoamerica y España (Ediciones Irreverente, España, 2012), y en Un espejo roto. Antología del nuevo cuento de Centroamérica y de República Dominicana (Comp. Sergio Ramírez, 2014), y yo el tercer con “Un cepillo de dientes”.

Muchos años después vino el intercambio de e-mails y la amistad franca. Un amigo en común nos terminó de vincular, el escritor nicaragüense Ulises Juárez Polanco, con motivo de la convocatoria para participar de la antología antes mencionada que realizaría Sergio Ramírez.

Su obra ha sido incluida en más de medio centenar de antologías y ha sido acreedor de incontables premios y menciones literarias. Ha publicado varios libros de cuentos, microcuentos y una novela, dos de ellos editados en España: El último vagón y La mente dividida, ésta última Premio Certamen Literario Centroamericano Permanente de Novela Corta, 2011.
 
Kalton Harold Bruhl (Comayagüela, 1976) nació con nombre de escritor en una ciudad hundida (en la corrupción como en su geografía) en el centro de Honduras. Sin embargo, son sus artistas y algunas instituciones las que luchan por contrarrestar su mala reputación. El municipio del Distrito Central es pródigo en actividades culturales y artísticas, no obstante, Kalton se ha condenado, voluntaria o involuntariamente, al ostracismo. Y es desde su aislamiento, sin obviar su entorno, desde donde combina sus lecturas, experiencias -sensitivas, perceptivas y afectivas- y obsesiones, trasfórmandolas en sus propuestas, convirtiéndose, sin autoproclamarse, en uno de los escritores más relevantes no sólo de Honduras y de Centroamérica sino del habla hispana.
 
A propósito de su nombre, será fácil inferir que la probable razón por la cuál sus personajes tienen nombres extranjeros se deba a que él mismo carece de uno que sea común. Hay quienes exigen que los personajes de la narrativa tercermundista se llamen Juan, Pedro, Roberto, Carlos, etc., o sus equivalentes en inglés: James, John, Robert, Michael, William, David...como si Latinoamérica hubiera estado ajena a ese fenómeno de movimientos poblacionales llamado “migración” (espero no errar en mi suposición ni en lo interesante que resulta leer y oír quejas de parte de algunos lectores por no hallar un “vínculo” entre nombre y terruño ).


Algo está gestándose

Hace aproximadamente quince años nació una nueva generación de escritores hondureños que exigían que la literatura –y el arte en general– no estuvieran supeditados a los temas sociopolíticos. Abanderaron una literatura cuyos límites no fueran otros sino los de la imaginación. Libertad total de creación. Literatura en beneficio del placer estético y no del compromiso moral y social. Habían aprendido que el arte es amoral y que de él se ramifican la moral y la inmoralidad –caras de una misma moneda–. Un afán de desmarcamiento de su generación predecesora. Y comenzaron un cambio en contra del establishment literario que imperaba en el país. Comenzaron a indagar, leer y estudiar a los autores con quienes tenían una afinidad y por quines sentían una conexión. Leyeron y descartaron la herencia literaria de la veterena pareja de los “realismos M” y se enfocaron más en la dejada por Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Felisberto Hernández, Augusto Monterroso, Juan José Arreola, Juan Carlos Onetti, Marco Denevi, Sergio Pitol, César Aira, Enrique Vila-Matas, Ricardo Piglia, Roberto Bolaño, entre otros escritores hispanos. Sus narices olfatearon la literatura europea y anglosajona y la devoraron. En Honduras rescataron del olvido y del saco del pudor a muchos de ellos que, siendo reconocidos por lectores avezados y crítica especializada, habían sido relegados debido a que su escritura abordaba algunos temas tabúes y cuyas aspiraciones los llevaron a la experimentación formal con el lenguaje. También a aquellos que su literatura no tenía un impacto directo en la sociedad, urgida de respuestas como consecuencia de la desigualdad social y económica. La literatura de mayor demanda era aquella que respondía o reflejaba su realidad caótica y crítica. Y ellos estaban dispuestos a redireccionar la narrativa nacional desde nuevos enfoques y a romper con los tabúes: todo podía ser narrado. No había -ni hay- temas censurables. Metieron tijera a los escenarios empalagosamente descriptivos y referenciales. Recurrieron a ellos desde una perspectiva minimalista, tomando con pinzas algunos elementos que contextualizaran sus narraciones. Y se asumieron como personajes. Álter egos y desdoblamientos fueron parte de lo que asimilaron de sus lecturas. Quizás a lo Henry Miller o Vila-Matas. Algunos elementos les fueron comunes como el escepticismo, desacralización, irreverencia y erotismo, subvirtiendo los valores de una sociedad conservadora como ser la religión y los ideales sociales, dieron un giro a un anti modelo de escritura, rehén de un escepticismo obsesivo.

Uno de los puntos coincidentes entre diferentes narradores fue saldar la deuda del tema erótico. Así encontramos una exploración desde distintos puntos de vista y estilos el tema de la sexualidad y el erotismo (“Al margen de la tradición”). M. Gallardo, D. Arita, J. Sánchez, K. Bruhl, G. Rodríguez, G. Campos, por mencionar algunos.

Redefinieron el realismo (emparentándolo con el realismo sucio). Algunos crearon un mundo de referencias cruzadas: álter egos, personajes literarios y personas reales se entremezclan en diferentes planos narrativos y se repiten en las diferentes propuestas narrativas.  

Situaron en su lugar correspondiente a los escritores de su canon particular. Los cambios de enfoque de lectura, las nuevas teorías literarias y el mundo virtual y globalizado -Internet, redes sociales y tecnología-configuraría lo que solíamos llamar como nuestra “imaginería” y tradición. Siendo un país rural, gracias a la tecnología de la comunicación, se tendría acceso a nuevas alternativas culturales en un proceso de transculturización, sabiéndonos ya no más aislados del mundo, por nuestra condición tercermundista, insertándonos y siendo parte de las novedades informativas y culturales en “tiempo real”. Ya no habría que esperar años para acceder a la cultura universal y a los últimos movimientos artísticos. Vino el cambio. El desinterés por la lectura existió siempre. Los escenarios e intereses del público dieron un giro. Sin haber asimilado muy bien ese acercamiento cultural y literario, aún en desfase, nos actualizamos, tomándonos por sorpresa el momento actual. Ruralidad con elementos tecnológicos.

Libros como los de Marco Carías: Nuevos cuentos de lobos (1991) y Una función con móviles y tentetiesos (1980) resistieron el tiempo y Cronos les otorgó la gracia de ser imperecederos. Antes de él se consagraron otros nombres como Froylan Turcios con un estilo entre romántico, gótico y fantástico; Arturo Martínez Galindo y sus Cuentos completos, editado por Óscar Acosta en 1996, quien a su vez publicó El arca, su primer y único libro de cuentos, en 1956; Eduardo Bähr y Julio Escoto en la década de los setentas, siendo el primero el más afín a la nueva generación de narradores por hacer uso de un estilo basado más en la transparencia y de prosa no barroca, heredera de la narrativa anglosajona, lo que con el paso de los años encontraríamos en Rey del Albor, Madrugada (1993); de Roberto Castillo, sus momentos cumbres en la narrativa los encontramos en La guerra mortal de los sentidos (2002) y La tinta del olvido (2007), de sus libros publicados; Armando García contribuye a la conformación de esta vértebra al escribir el prólogo “El dolce stil nuovo en el mundo garcíamandiano” (Hechos necios que acusáis, 1996) que tiene fuertes conexiones con “Algo está gestándose”, de Marcos Carías, algunos cuentos de La tinta del olvido, y algunos relatos de Los inacabados (2006), de Gustavo Campos, y “El discreto encanto de la H” (Las virtudes de Onán, 2007), de Mario Gallardo. A este bloque se suman María Eugenia Ramos con Una cierta nostalgia (2000); Felipe Rivera Burgos con “Una visita” (Para callar los perros, 2004); Dennis Arita con Música del desierto (2011); José Raúl López con Perro adentro (2015) y Kalton Bruhl con la novela La mente dividida (2014) y el libro de cuentos El último vagón (2013). Otros nombres se suman a esta lista como el del novelista y poeta León Leiva Gallardo con sus novelas Guadalajara de noche (2006) y La casa del cementerio (2008); Roberto Quesada, Jorge Medina García, Marta Susana Prieto, Jessica Sánchez, Giovanni Rodríguez, Ludwing Varela y Gustavo Campos son algunos de los escritores que también destacan (Para ampliar el listado de autores léase “Negatividad y disonancia en la literatura hondureña actual”, de Héctor Miguel Leyva). Y la recién incorporada Ondina Zea, con Bajo un mismo cielo, entre el relato de viaje y el diario pluricontinental.


Kalton, el escritor invisible

F. Schlegel opinaba que la teoría debía entenderse en su sentido originario como contemplación espiritual del objeto, como una observación (que eso significa theoría en griego). La presente aproximación parte de esa premisa de contemplación y de la relectura de la obra de Kalton Bruhl.

Alguien dijo en una ocasión que hay gente que porque sabe leer y escribir, cree que sabe leer y escribir, pero este no es el caso de Kalton Bruhl. Digo, con conocimiento en la materia, que hay muchos autores que conocen las reglas de la escritura, pero no saben escribir, como sentenció Sean Connery. Bruhl cuenta con la habilidad innata de creación. Desconocido en nuestro país, tiene el mérito de ser uno de los escritores hondureños más antologados en el extranjero. Recién se le otorgó el máximo premio de las letras nacionales: Premio Nacional de Literatura “Ramón Rosa 2015”. Es uno de los dos o tres autores en recibirlo antes de los 40 años. Julio Escoto es uno de ellos. Además es miembro de  número de la Real Academia Hondureña de la Lengua. Hace poco, para sorpresa mía, y de muchos, en Diario el Mundo.es lo destacaron como uno de los escritores más representativos del habla hispana en la actualidad.

Es harto conocida la reflexión bíblica de “nadie es profeta en su misma tierra”. Y Bruhl, infatigable lector y obsesivo buscador de concursos literarios, padece del mismo mal. Mezquindad, egocentrismo y envidia conforman el ambiente literario del país. Necesario y divertido. Sin embargo, Kalton ha elegido la creación sin respirar esos aires tóxicos de las reuniones sabihondas y de los compadrazgos. Parecido al caso de Roberto Castillo y Dennis Arita, él prefiere alejarse del “mundanal ruido” del egocentrismo absoluto, así como lo sugiriera Virginia Woolf para no “quemar” su talento en rencores y envidias.
¡Que los enceguecidos sean otros!

En sus escritos puede percibirse naturalidad y sencillez que hacen que el lector se interese. Su narrativa está en permanente rebelión contra el aburrimiento y la mediocridad. En ella hace gala de sus conocimientos culturales y reescribe algunos mitos. Una de las señas que busca un lector cuando toma un libro cualquiera ya sea de poesía o narrativa que ha abrevado de los mitos es encontrar una reinterpretación, que esa materia mitológica haya variado en su sentido mostrando cierta originalidad al abordarlo. Y en este caso Kalton Bruhl genera nuevos planteamientos, nuevas preguntas y respuestas. Ha pasado por un proceso de “reescritura” o de actualización de su valor simbólico.

Lo fantástico, el humor negro y la ciencia ficción son parte de sus huellas. Sus autores preferidos son Isaac Asimov, Arthur C. Clarke, Phillip K. Dick, Richard Matheson e Isaac Singer, entre otros.

Empedernido cinéfilo, hacker de e-book, lector de kindles, desde que ganara en 1994 el Premio Grupo Ideas ha venido coleccionando premios a nivel nacional e internacional.
 

Altibajos y cumbres

Rara vez la obra de un autor es homogénea. Siempre hay altibajos. Más aun en países pobres donde el estímulo del pensamiento y la creación no son prioridad, como apunta César Aira en su Diccionario de autores Latinoamericanos sobre tres escritores jesuitas de la época colonial: “Los tres brillaron fuera del país, que no daba mayores oportunidades al cultivo del intelecto”. Y en este autor hondureño vuelve a cumplirse tal reflexión. Sin embargo, en la literatura no todos suelen alcanzar momentos cumbres. Otros sí. Algunos sin talento, otros con él. Algunos, carentes de talento, conocen el valor de la disciplina y la convierten en su mejor carta, sin embargo, pese a que pueden lograr una obra digna y meritoria, ésta corre el riesgo de disiparse pronto. Kalton ha alcanzado algunos momentos cumbres, que lo ha hecho merecedor de ser incluido en más de medio centenar de antologías y haberse acreditado muchos premios y menciones. La literatura como ejercicio de transición entre el olvido y la posteridad lleva consigo una constante búsqueda. Y existe una literatura producto de ellas. Kalton sigue tal premisa y apuesto que escribirá una que no sea únicamente importante en Centroamérica, sino fuera de nuestras fronteras, y ya ha comenzado a rasgar ese inaccesible velo de la trascendencia literaria.


Algunos vagones

Entre sus textos más sobresalientes están “Votos nupcionales”, “El último vagón”, “Banana Republic”, “El secreto”, “Saqqara”, “El mejor recuerdo”, “El origen”, “El otro”, , “Devaluación”, “Esa mañana”, “El reino”, “Tentación”, “Sedición”, “El francotirador”, “Licitación” y la novela La mente dividida. Por supuesto, no pretenderé extenderme tanto ni reseñarlos todos, con unos cuantos bastará para incentivar la lectura de su obra.

En “El último vagón”, el señor Nelson, maquinista de un tren de cargas, a su reencuentro con su hija, abandona su último “vagón” tras ser revelada una conmovedora nota que recuerda posiblemente la escena final de La notte de Antonioni. La diferencia es que el personaje ha olvidado que la lleva consigo y no se aclara si es de su autoría o la copió de Reader's Digest. Pero quien se percata de ese profundo sentimiento de liberación es su hija al ayudarlo a incorporarse y sentir, por su ligereza, el desprendendimiento del peso muerto e inútil de ese último vagón cargado de afectos, sentimientos, deseos y compromisos. El cuento es una conmovedora metáfora del paralelismo entre viaje físico, afectivo y espiritual
y de la honda ternura que suponen las relaciones padre-hija: “Te agradezco que no me hayas dejado solo ahora que mi tren ha cambiado de rumbo y viaja, ya sin retorno, hacia el olvido”.

Pedro Pujante opina que El último vagón (finalista del VII Premio Internacional de Relatos Vivendia-Villiers): “expone su visión de la vida como un tren a través del cual vamos acumulando, transportando recuerdos. La metáfora puede igualmente servir para fotografiar un libro de cuentos breves, que como vagones se anudan unos a otros conformando un alargado entramado de piezas que se deslizan independientes pero compactas en forma de libro-tren por las vías de la literatura actual.”   

En “Votos nupcionales”, Charles Miller, de “calvicie incipiente” de “monje medieval”, se casa con una antigua reina de belleza e integrante del equipo de porristas. El cuento refleja la sociedad capitalista y competitiva y los complejos y frustraciones del personaje que bien pudiera recordarnos algún personaje de alguna novela de John K. Toole. Miller, hombre feo  e inseguro, es contrapuesto con Peter Norton, cuyo físico -apuesto- y éxito lo hacen un ejemplo de la autorrealización personal y profesional. En la historia se entretejen la frustración ante la incapacidad de ascender de estatus social, el pesimismo producto de lo que considera un futuro irrealizable, los sueños y planes truncados que se traducen en la no materialización de la posesión de bienes, lo cual lo conlleva a dudar del amor de su esposa y sospechar de una posible infidelidad. El personaje, con los pies soterrados en la realidad abrumante de la sociedad, donde la estética es prioridad, se interroga, con preocupación, si su esposa: ¿“prefería su insignificante compañía a la de un hombre atractivo y exitoso”?

Con un final inesperado, este cuento hace gala de sus mejores dotes narrativos.
(No sé por qué este cuento me recuerda mucho a “Charles Atlas también muere” de Sergio Ramírez, más que por la coincidencia de nombres, creo que se debe a su lenguaje. Y quizás la narrativa de Kalton Bruhl sea una de las que más se equipare a la de Dennis Arita, de regusto anglosajona).

En “Banana Republic”, el autor construye una concisa reescritura de la historia referente al paso del filibustero William Walker por C.A. Aquí con un mínimo de recursos expresivos logra un texto que ya es de indispensable lectura para el Itsmo.

El personaje de “El reencuentro” comparte características con el de “Votos nupcionales”: un caricaturesco personaje de cine hollywoodense enajenado por los vídeojuegos recibe la visita de la “rubia más impresionante que había visto en su vida”, quien resulta ser su ex compañera de colegio, Samantha, a quien los remordimientos por las humillaciones inflijidas a “Archivaldo” la llevan a “repararle” su “autoestima” a través de un encuentro sexual inesperado. Erotismo y humor se conjugan en este relato. (La característica que conecta a Archivaldo con Charles es la repetición de personajes “loosers” e inadaptados, sin los mejores atributos físicos).

El otro” forma parte de la antología Kafka (España, Ediciones Irreverentes, 2016) cuyos temas son en torno a la vida y obra de este escritor. En este cuento Kalton se vuelve personaje e imagina un encuentro con Max Brod. Pedro Amorós destaca del cuento: “La elegante escritura de Harold Bruhl se combina con el tono nostálgico de la historia.” Ejercicio de reescritura. Su mérito quizás sea el de encontrar un intersticio de la historia para crear este parentésis de índole fantástico.



Saqqara” se adscribe al género de ciencia ficción y está ambientado en el año 2098. Sociedad caótica cuyos avances tecnológicos jamás llegaron. Tampoco la ciencia llegó a descubrir las curas de las enfermedades mortales como el SIDA y el cáncer. Su visión es escéptica con respecto al futuro: “pensaste que en el algún lugar, cubierta por una gruesa capa de vegetación, debía existir una enorme etiqueta con la fecha de expiración del planeta”. El acaparamiento de recursos naturales que en tiempos pasados fueron detonantes de las guerras mundiales como la explotación de petroleo y agua fueron sustituidos por las drogas. Se invierte el orden natural del mundo y los muertos no son más los latinoamericanos sino “rubios” y de “piel blanca” pertenecientes a los países del primer mundo: “todo iba bien mientras los muertos los proporcionaran los países del Tercer Mundo”. La ONU retomó su papel “importante” en la humanidad y una vez legalizada la drogra se encargó de su producción, distribución y venta, lo que llevó a un conflicto de intereses entre diferentes organismos internacionales: OEA, OTAN y ONU. Los cascos azules se convirtieron en paramilitares y luego en un Cartel.
El personaje principal es un sacerdote (hermeneuta cuasi filólogo) jubilado contratado para convencer a las masas de viajar a Marte. En un imaginativo despliegue de humor se abordan temas como el racismo, religión, historia y política exterior. Sin duda un texto breve no carente de irreverencia y herejía...


Kalton y su mente dividida


Willis McNeally decía que el verdadero protagonista de una novela o de un relato es una idea y no una una persona. Y Kalton Bruhl lo sabe y nos guía a través de La mente dividida, “híbrido entre el terror sicológico, la ciencia ficción y la novela negra”.

Comienza con la sangre goteando de un cuchillo y la descripción de un ambiente extraño. Luego, el extrañamiento del personaje, irreconocible para sí mismo, como si en un rapto de locura se hubiera convertido en otro, al estilo de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Desde su comienzo mantiene al lector a la expectativa, en una tensión que va aumentando conforme avanza.
El personaje es un profesor de filosofía, huraño y excéntrico. Evita las reuniones gremiales y académicas. Pocas cosas le interesan. Depresivo y ansioso, tras descubrirle un tumor en el cerebro, le diagnostican cáncer. Su lenguaje cristalino es fundamental para que la historia fluya naturalmente. Su capitulación es acertada, de breves capítulos que estimulan la lectura.

Pasa del diagnóstico de cáncer (tumor adenocarcinoma) en el cerebro y luego transforma el diagnóstico en una alegoría de la maldad o desarrollo de la maldad devenida en paranoia o delirio. El suspenso aparece en los primeros capítulos cuando se espera que el personaje vuelva a las salas hospitalarias para procurar su cura, pero, contrariamente, nace ese otro personaje (como en los casos de Dr. Jekyll y Mr. Hyde o el personaje famoso de Hitchcock, Norman Bates, o de otras fuentes de índole interdiscursivo –novelas y cine de serie B–) llamado Fred –por el epígrafe y porque Jeff también se emociona al saber que se llama como Nietzsche–, para luego adentrarte en disquisiciones filosóficas morales, existencialistas y lacanianas, por la escisión del yo, y freudianas por el desaforo o rapacidad sexual que experimenta, con teorías que bien podrían pertenecerle al mismo Giovanni Papini. La dualidad psicológica del autor y el tema del doble son elementos fantásticos ya antes explorados.

El huésped” simboliza algo maligno en la dualidad cáncer/amoralidad y suplanta al personaje Jeff, quien en apariencia es muy débil e ingenuo.
El nombre de Samantha reaparece en la novela (Recuérdese “El reencuentro”) y a diferencia de su cuento el personaje sí se deshace de ella. En el capítulo 9, después del asesinato de Jasmine, tiene atisbos de humor la indignación de Fred al ser comparado con Jack “El destripador”. 

Es Fred, entonces, quien lo impulsda a cometer una serie de feminicidios.

Algunas consideraciones a destacar:

Aparece la voz de Friedrich Nietzsche, diferente de la dualidad mostrada por Shakespeare, Stevenson y quizás más cercana a Tolkien:

¿Como Nietzsche? –preguntó, casi seguro de haber acertado.
Exactamente –le respondió la voz– pero como nosotros somos amigos, puedes llamarme Fred.

La correspondencia silábica entre Jeff y Fred cohesionan mejor al personaje.

El personaje cita a Nietzsche en su reflexión sobre la moralidad y amoralidad:  

Nada, sólo tu felicidad y, claro, deseo realizar un experimento y convertirte en el primer superhombre. Quiero verte por encima de la moral. Me parece que es el mejor homenaje que puedo hacerle a mi ilustre tocayo.


El humor es una de las características de la narrativa de Bruhl:

Dedicaron largas horas a estudiar docenas de ejemplares de la revista Cosmopolitan. Analizaron artículos tales como 'Diez errores fatales durante la primera cita', 'Diez señales para saber si es un caballero o un patán' y, por supuesto, 'Conviértete en una detective sexual. Diez signos para adivinar cómo será en la cama'.

Evidente fan de películas o teleseries investigativas como NCIS, La ley y el orden y de novelas policíacas:

Mañana comprarás neumáticos nuevos –le aconsejó Fred– seguro que cuando encuentren el cuerpo vaciarán yeso sobre las huellas, para hacer un molde. También te desharás de tus zapatos, lo único que averiguarán es el número que calzas.

Honduras, con una de las tasas más altas de homicidios, no podría esperarse menos que la imaginación de Kalton Bruhl intentara recrear uno de los tantos feminicidios registrados en el país:

Jeff la tomó del cabello y la sacó por la ventanilla. La arrastró algunos metros, fuera del alcance de la vista de cualquier conductor que transitara a esas horas, luego la lanzó contra el suelo y comenzó a darle puntapiés. Jasmine intentaba protegerse la cabeza con las manos, suplicándole que se detuviera.


La novela también refleja la violencia contra la mujer desde una óptica filosófica y “racional” del personaje Fred/ Jeff.

Más que nada se llenaba de remordimientos por lo que le hacían a esas pobres mujeres. A veces procuraba tranquilizar su conciencia, diciéndose que en realidad les hacía un favor, que seguramente les estaba brindando la única posibilidad que tendrían de sentirse, al menos por unos días, deseables e importantes.

Lo grotesco, el morbo y obscenidad se evocan como en  el lenguaje semiótico de los medios de comunicación local sensacionalistas, amarillistas y la búsqueda de la nota roja:

El cráneo estaba partido a la mitad y en el medio quedaba un revoltijo de cabellos, huesos, dientes, sangre y masa cerebral.

Se destaca el papel de los diarios en la difusión de las noticias tipo nota roja que justifiquen la labor del medio:

Los diarios publicaron en las primeras páginas las noticias. La brutalidad que habían empleado y el hecho de que las víctimas fueran prostitutas, proporcionaron a los periodistas los elementos necesarios para crear una buena historia.

A pesar que es una novela de ficción, también es importante resaltar que la edad de las víctimas escogidas por Fred oscila entre los veinte y treinta y cinco años y estas cifras coinciden con las estadísticas nacionales de muertes. 

El final es abierto a varias interrogantes. Como una especie de alquimia, el cáncer se convirtió en demonio, en la materialización de la maldad. Lo que nos queda claro es que en la novela Fred luchó por afirmar su derecho de existir.

Son el misterio, la tensión psicológica y los crímenes los elementos que se conjugan en La mente dividida.


El Kalton del futuro

Imaginemos a Kalton Harold Bruhl abandonando su trabajo como funcionario público y de notario tras ganar un premio que le permita no seguir robándole el tiempo a su trabajo y familia, ¿qué ocurriría?

Kalton es un lector y escritor que seguirá “agarrando pata” en los concursos literaros. Y, a pesar de su actual imposibilidad de no dedicarse de lleno a la labor creativa, que le permita dejar en el pasado los gazapos y algunas frases que pudieran construirse mejor y ser más oportunas, y que oculten algunas costuras todavía evidentes en parte de su obra, como consecuencia de ese tiempo que la vida sigue robándole como escritor a sus treinta y nueva años de edad, seguirá creando mundos, que al final es para eso que ha nacido -y también para dedicarse a la abogacía- y no para andar destruyéndolos cual personaje marveliano. 

domingo, 17 de abril de 2016

Un retrato de Gustavo Campos por Vanessa Núñez







Explore el mapa literario de Centroamérica. Haciendo "click" en el país de su interés, le llevamos a los retratos de los autores y las autoras emergentes de este lugar. Buen viaje y que se divierta mucho descubriendo la región!

viernes, 4 de marzo de 2016

Berta Cáceres, líder indígena y ambientalista, asesinada en Honduras

 

Berta Cáceres, de 44 años, una de las defensoras más reconocidas de los derechos humanos, los pueblos indígenas y el medioambiente y, al mismo tiempo, de las más amenazadas de Honduras, fue asesinada por hombres armados que entraron en su casa, en el departamento de Intibucá, al oeste de Tegucigalpa, la noche del miércoles.

Cáceres, indígena lenca, ganadora en 2015 del prestigioso Goldman Environmental Prize, había denunciado en numerosas ocasiones que había sido amenazada y que temía por su vida. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) había dictado medidas cautelares para su protección. En el momento de ser asesinada ningún miembro de las fuerzas de seguridad de Honduras estaba presente.

Berta Cáceres fue una de las fundadoras en 1993 del Consejo Cívico de Organizaciones Indígenas y Populares de Honduras (COPINH). Cáceres lideró la oposición al proyecto hidroeléctrico de Agua Zarca que afectaba varios ríos en el departamento de Intibucá. Fue también una conocida opositora al golpe de Estado que derrocó en 2009 al presidente Manuel Zelaya.
En rueda de prensa la mañana del jueves, el ministro de seguridad de Honduras, Julián Pacheco Tinoco, dijo que la unidad de derechos humanos de la policía mantenía comunicación permanente con ella y explicó que si en el momento de ser asesinada no tenía protección, fue porque “la residencial donde perdió la vida no había sido reportada como su domicilio”.
El ministro también informó de la detención de un guardia de seguridad de la colonia en la que vivía.
El hermano de Berta Cáceres, Gustavo Cáceres, dijo en declaraciones a medios locales que la muerte podía haberse evitado. “La policía era responsable de darle seguridad a mi hermana aquí en la ciudad, ella no andaba escondida”.
El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, dijo que “no importa quién sea ni de quién se trata, caiga quien caiga, nadie está por encima de la ley. El mensaje del Estado de Honduras es contundente, esto no va a quedar impune”.
Más del 90 por ciento de los delitos en Honduras permanecen impunes, según datos facilitados al Congreso de la República por el anterior Fiscal General Luis Rubí.
La noticia ha causado impacto en Estados Unidos. El representante Eliot L. Engel, miembro de más alto rango del Comité de Asuntos Exteriores del Congreso, dijo: “El embajador de Estados Unidos en Honduras, James Nealon, ha ofrecido asistencia para la investigación, y exijo a las autoridades hondureñas que la acepten”.
Engel agregó que “tenemos que recordar que nuestra asistencia a Honduras no es un cheque en blanco” y que “no era un secreto que había recibido múltiples amenazas antes de su asesinato. El gobierno debe hacer un trabajo mejor en el futuro para garantizar que líderes como Berta tengan acceso a los mecanismos de protección del Estado que estén disponibles”. 

La Coalición contra la Impunidad, que agrupa a varias organizaciones hondureñas defensoras de los derechos humanos, hizo público un comunicado en el que denuncia que “desde hace mucho, Berta Cáceres fue amenazada y perseguida por la empresa DESA (Desarrollos Energéticos, S.A. de C.V.) y Sinohydro, de capital hondureño y chino”. Criticó también las declaraciones del Ministro Pacheco e insistió en que cuando un defensor de los derechos humanos goza de medidas cautelares internacionales para su protección, la responsabilidad de su muerte recae sobre el Estado. 

El informe anual de Amnistía Internacional publicado en febrero denuncia que el gobierno de Honduras “no aplicó las medidas de protección ordenadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ni investigó los diversos abusos cometidos durante los últimos años contra dirigentes de la comunidad indígena”.
Victoria Tauli-Corpuz, Relatora especial para los derechos indígenas de Naciones Unidas, que se reunió con Cáceres en noviembre, dijo que “es muy probable que su asesinato esté vinculado con su trabajo de protección de los derechos humanos y el territorio del pueblo lenca”.

Durante las protestas contra el proyecto hidroeléctrico de Agua Zarca, y según Amnistía Internacional, Berta Cáceres fue hostigada por las autoridades hondureñas. 

En mayo de 2013, fue detenida y acusada de portación de arma sin licencia. Ella argumentó que el arma había sido “plantada” por los militares que la detuvieron en un puesto de control. En julio del mismo año, el ejército mató durante una protesta a otro de los líderes del COPINH, Tomás García, e hirió de gravedad a su hijo. En agosto de 2013, fue denunciada junto a otros dos dirigentes, Tomás Gómez y Aureliano Molina, por usurpación, coerción y daños continuados contra la empresa que desarrollaba el proyecto de la presa. 

Entre septiembre de 2013 y febrero de 2014, la justicia hondureña dictó prisión para Cáceres. No llegó a ingresar en la cárcel pero tuvo prohibido salir del país y tenía que firmar cada semana en el juzgado. 

Por aquel entonces, también la empresa privada hondureña cargó contra ella. Aline Flores, presidenta del Consejo Hondureño de la Empresa Privada dijo en una rueda de prensa el 29 de octubre de 2013 que los grupos liderados por Berta Cacéres estaban “boicoteando, invadiendo y poniendo a Honduras en mal a nivel internacional”. Agregó que era “triste” que Cáceres tuviera “protección de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y Amnistía Internacional con fondos e impuestos de europeos y americanos”. 

La Corporación Internacional de Finanzas, organismo crediticio del Banco Mundial para el sector privado, había aprobado una inversión para el proyecto de la presa de Agua Zarca. En diciembre de 2013 decidió suspenderla, según un informe del ombudsman de la institución.
Las protestas y con ellas las amenazas contra Cáceres habían comenzado con fuerza de nuevo. La empresa hondureña Desarrollos Energéticos (DESA) había decidido seguir con el proyecto. El 20 de febrero más de 100 personas fueron detenidas en una manifestación contra la construcción de la presa. 

Fue precisamente por esas actividades en defensa de los ríos del departamento de Intibucá y su oposición a la hidroeléctrica de Agua Zarca que Cáceres ganó en 2015 el Goldman Environmental Prize que reconoce el trabajo de activistas que defienden el medioambiente en todo el mundo. Al recogerlo, dijo:  “En nuestras cosmovisiones somos seres surgidos de la tierra, el agua y el maíz, de los ríos somos custodios ancestrales el pueblo lenca. Resguardados por los espíritus de las niñas que nos enseñan que dar la vida de múltiples formas por la defensa de los ríos es dar la vida por el bien de la humanidad y de este planeta”.

domingo, 28 de febrero de 2016

“Tobías el taimado y Raúl el roña". Isaac B. Singer

 Isaac B. Singer

Al pobre Raúl
se le murió...
su candelabro azul.
Y sus grandes cucharas,
ya no paren hijas
¡Se han vuelto avaras!
Y él come que come
su comida barata
y sueña, el pobre, que tendrá
¡nietos de plata!

(Isaac B. Singer, del cuento “Tobías el taimado y Raúl el roña")

miércoles, 24 de febrero de 2016

Sobre la dignidad del oficio de escribir


William Kentridge

María Eugenia Ramos


Para nadie es una novedad que soy una escritora que hace mucho tiempo no escribe. De hecho me siento un poco avergonzada cada vez que me invitan a un evento literario en otro país, porque sé que en Honduras hay compañeras escritoras y escritores varones seguramente con mayores méritos, que se esfuerzan por escribir y publicar de forma digna. No me refiero, desde luego, a quienes "escriben" solo porque sí, porque quieren que se les llame poetas, o cuentistas, o novelistas, ni a quienes publican compendios o reediciones de sus obras para venderlas en un mercado cautivo de estudiantes universitarios y de secundaria. Aparte de estos personajes, en Honduras hay gente de distintas generaciones, pero especialmente en sus treintas, e incluso de menor edad, que tiene verdadera pasión por la literatura como oficio. No es casual, por ejemplo, que Martín Cálix haya ganado el importante premio de poesía joven Martín García Ramos, de España. Es el resultado de un contexto generacional que ya no se conforma con lugares comunes y se está abriendo camino a pesar de las adversidades del medio.

Después de haber publicado Una cierta nostalgia, ese modesto librito que me abrió las puertas de numerosas antologías centroamericanas de cuento, y también del programa "25 secretos literarios" de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, hace cuatro años, no he tenido más que ideas creciendo en mi cabeza y atropellándose con tanta intensidad que me duele. Soy una escritora que no escribe, y eso es triste. Pero sé que dentro de mí aún quedan rescoldos de esa llama que las circunstancias se empeñan en apagar. Por eso mismo me alegra tanto encontrar —y encontrarme— con gente joven que ha asumido con mucha seriedad el oficio de escribir. Sinceramente espero que lo sigan haciendo, que no dejen que las y los devore este medio mezquino de lo que un día llamamos país; y, sobre todo, que tengan la oportunidad de irse a seguir creciendo en otros horizontes. Si yo pudiera, me iría mañana mismo, con la seguridad de que en otro medio escribiría todas esas historias e imágenes que me asaltan cada día mientras lucho porque mi situación personal no me asfixie; pero por mi edad y circunstancias ya no puedo hacerlo. Entonces, háganlo ustedes, chicas y chicos, salgan de este lugar que desgraciadamente —y no tienen idea de lo que me duele decirlo— ya no tiene nada que ofrecerles. Váyanse y vuelen hasta donde sea posible, "al infinito y más allá". Después, si así lo desean, regresen; pero habiendo escrito sus obras, porque desde aquí no es imposible, pero corren el riesgo de quedarse cortos.
Luego de permitirme este desahogo, debo decir que siempre me ha parecido absurda esa forzada dicotomía entre los círculos literarios de Tegucigalpa y San Pedro Sula que desde los años noventa se han empeñado en vendernos. En ambos lugares, como en toda Honduras, hay una variedad de ghettos —prefiero el italianismo a la castellanización hecha por la RAE— que se caracterizan por la falta casi absoluta de crítica literaria. A falta de ella, tenemos cofradías de amigos y amigas que promueven o excluyen según sus afinidades, generalmente poco literarias y más de otra índole. Por lo general una observa y calla, o comenta cuando se considera —a veces equivocadamente— entre personas de confianza. Siempre he pensado que el tiempo termina por colocar las cosas en su lugar. A veces tarda, pero ocurre.

No obstante, es de reconocer que algunas veces surgen un par de trabajos fundamentados en criterios académicos. Entre ellos, quiero mencionar especialmente el de mi maestro en la UNAH, el doctor Héctor M. Leyva, Negatividad y disonancia en la narrativa hondureña actual. Sin duda es un brillante trabajo, aunque no comparto algunas de sus apreciaciones, especialmente las que —basándose en la opinión del diplomático y ensayista Hernán Antonio Bermúdez, quien merece todo mi respeto— sugieren que todo lo bueno en narrativa que se está haciendo actualmente en Honduras viene de la costa norte (en realidad se refiere a San Pedro Sula). No cabe duda que de allí provienen algunos escritores jóvenes talentosos, y allí estudió Jessica Sánchez, una brillante escritora de origen santabarbarense que no cuenta con la misma atención que los narradores varones, al menos no en Honduras, porque fuera de ella comienza a ocupar el lugar que se merece. El punto es que, de guiarse solo por esta opinión, todas y todos deberíamos estar rindiéndole reverencias a cierta narrativa, porque sería lo único que vale la pena, y afortunadamente no es así.

Todo esto ha venido a colación porque Gustavo Campos, uno de los jóvenes narradores reconocidos tanto por Bermúdez como por Leyva, ha tenido el coraje de contarnos los entretelones del oficio de escribir, precisamente en ese tan alabado núcleo de la costa norte. Y ha tenido eco en Martín Cálix, a quien ya mencioné como ganador de un importante premio español, y que también ha publicado en Guatemala un significativo libro de microcuentos, Lecciones para monstruos. Ambos se han referido al daño que le causa a la literatura el prejuicio y la misoginia que empañan la trayectoria de algunos escritores, los mismos que aparentemente están a la vanguardia de la narrativa hondureña actual, o al menos así lo creen los ensayistas antes mencionados. Y yo no puedo menos que unirme a su posición.

Martín ha denunciado que miembros de ese "núcleo de la costa norte" se han referido con menosprecio a Mayra Oyuela —en mi opinión una de las poetas más talentosas de la Honduras contemporánea—, afirmando que su excompañero sentimental (también poeta) le escribía los poemas. Yo tuve que soportar a un aspirante a poeta que, por medio de una red social, me escribió diciéndome, con expresiones que rayaban en la ofensa y el mal gusto, que admiraba a Mayra por su belleza física, pero no por su talento. Después de eso lo bloquée, por supuesto. Ojalá fueran solo exabruptos de borrachos y personas faltas de criterio; pero cuando los vierten individuos vinculados a medios académicos y literarios, y los repiten en distintos tonos y contextos, terminan afectando la dignidad, no solo de las personas, sino del oficio de escribir.

De todo lo dicho eximo al narrador Dennis Arita, uno de los tres escritores que el profesor Leyva incluye en su ensayo, porque no solo es un hombre de talento y perseverancia, sino que, muy sabiamente, se mantiene totalmente alejado de las cofradías literarias.

Todo lo anterior es solo la presentación de los artículos de Campos y Cálix, cuyos enlaces proporciono al final de esta entrada. Tengo entendido que también Jessica Sánchez escribirá su opinión, o la incluirá en un texto que está preparando para Literofilia, publicación digital editada por el escritor costarricense Warren Ulloa-Argüello; cuando tenga el enlace correspondiente lo agregaré.
Soy una escritora que no escribe, así que seguramente no seré mencionada y saldré ilesa del fuego cruzado que probablemente se dará por un tiempo en blogs y redes sociales. Y si tengo la "suerte" de que me mencionen, lo tomaré como publicidad gratuita, antesala de mi próxima obra.



Fuentes: DiSentimientos

En defensa de la integridad humana del oficio de escribir. Martín Cálix


William Kentridge

En 2011 yo tenía 27 años y recién publicaba mi primer libro. Cuando me acerqué a la oficina del departamento de la carrera de letras en la universidad nacional en SPS para regalarle un ejemplar de Partiendo a la locura (Ñ Editores, 2011) a una persona a la que dentro de mi ingenuidad yo consideraba un amigo, él me dijo viendo la portada de mi libro y luego poniéndole sus manos encima: «bien, ya hiciste el primero, hacer otro es difícil», luego lo puso a un lado y siguió en lo suyo, que quizá sería revisar exámenes de estudiantes o pasar notas, o revisar el plan de estudios del periodo, qué sé yo, la vida de un maestro de literatura en Honduras puede resultar ser excitante.

De ese primer libro jamás dije nada, y es que es tan malo, lleno de errores ortográficos y muchas otras cosas  que son producto de la ingenuidad del momento y de cometer el error de la autopublicación, muy poco puede resultar lo que en verdad hasta el día de hoy tenga valor dentro de ese libro, sin embargo, es a Partiendo... a quien yo le agradezco haberme llevado por otros caminos, es decir, que si no cometo ese error quizá seguiría escribiendo así o nunca hubiese publicado y quizá abandonar la idea de escribir habría terminado siendo la solución. No voy a decir que he mejorado, yo quiero creer que es distinto, que mi proceso creativo y también mi relación con la literatura ha «mutado». Antes de 2011 mi acceso a libros era escaso, luego de ese año conocí personas que me ayudaron a encontrar otras lecturas pero lo más importante es que en algunos y algunas encontré una amistad profunda que no estaba sustentada en la calidad de mi trabajo literario.

Es difícil escuchar a un poeta decir sobre una compañera poeta que su compañero también poeta le hacía los poemas, es decir, lo que este primer poeta decía en una conversación es que la compañera poeta no tenía forma alguna, ni herramientas intelectuales para escribir por ella misma sus propios libros y que eran finalmente escritos por el compañero de ella que también era escritor y que por ser hombre sí era considerado una persona con la capacidad intelectual para escribir por sí mismo y por terceros. La compañera a la que se refería era Mayra Oyuela y quien hacía esta aseveración era Marco Antonio Madrid, abalado por la risa de Mario Gallardo, maestros de la carrera de literatura los dos.

En el blog de mimalapabra Giovanni Rodríguez en una nota que titula «Narrativa hondureña actual: una voluntad posmoderna» en su primer párrafo se queja de las librerías o de que no existan éstas o de que la gente no lea, no me queda claro, lo que sí está claro es que Final de invierno (Il miglior fabbro, 2008) de Dennis Arita es un libro incomible, aburrido de principio a fin y que no es el libro que dicen que es. Con Las virtudes de Onán (Secretaría de Cultura, Artes y Deportes, 2007) de Mario Gallardo pasa que no es un libro malo, tiene ciertos destellos, pero no es la brutal genialidad que Rodríguez dice que es, es decir, no es el santo grial de la narrativa contemporánea hondureña.

Gustavo Campos publicó en 2010 el libro Los inacabados (Editorial Nagg y Nell), que es el libro que yo considero nos terminó de dar un empujón hacia dentro a los que quizá éramos un poco más distantes de la órbita central de la literatura nacional actual, o del escenario de la misma, es eso lo que quizá quiero decir. Aquí es donde por primera vez veo la ciudad como elemento literario, como personaje y como síntoma de la narración actual, una narración marcada por la violencia, el alcohol, las drogas y el sexo, propios de una sociedad urbanizada y moderna (tomando con pinzas estos conceptos) algo que se vería más adelante con dos libros que yo los considero emparentados en cuanto a discurso narrativo, Poff (La hermandad de la uva, 2011) de Darío Cálix  y Autobiografía de un hombre sin importancia (Ñ Editores, 2012) de Ludwing Varela, para mí es aquí donde estamos hablando ya de un cuaje más concreto de lo que empezaría años atrás, estos tres libros son realmente un cambio significativo en el lenguaje a utilizar en la narrativa contemporánea del país.

Ahora, ¿qué pasa entonces con la tan trillada frase de Hernán Antonio Bemúdez: «el eje de la narrativa hondureña parece haberse desplazado a la Costa Norte», ¿a qué se refiere Bermúdez con esto?, ¿acaso el eje de la narrativa hondureña tomó unas vacaciones en las playas de Tela? Lo que sí queda bastante claro es que la interpretación de esta frase por parte de algunos escritores que se identificaron con ella de inmediato es que cuando Bermúdez habla de «la Costa Norte» se refería a San Pedro Sula y que cuando Bermúdez habla de «eje» se refiera a sus obras y que cuando Bermúdez habla de «narrativa hondureña» habla de ellos.

«El eje de la narrativa hondureña parece haberse desplazado a la Costa Norte», sí, así comienza el prólogo a Ficción hereje para lectores castos (Mimalapalabra, 2009) de Giovanni Rodríguez, una novela divertida, sin más, y es que en una ocasión me preguntaron cuál era la diferencia entre Cortázar y J. K. Rowling, yo contesté sin dudar que uno había construido una obra más cercana al oficio de cualquier artesano, como quien desmenuza el lenguaje para moldear una historia y que la otra escribía con el objetivo de entretener, nada más, que leer a ambos es tan válido como ver toda la saga de Rocky. En Ficcion hereje para lectores castos Rodríguez sí que nos muestra un lenguaje moderno, una historia que transcurre en SPS, una historia que nos mantiene entretenidos, pero eso, una historia que no nos lleva a ningún lado en especial.

En Infinito cercano (Letra Negra, 2010) de Jessica Sánchez vemos un lenguaje narrativo que nace en el interior de la ser humana que lo escribe, ¿acaso no es ésa la razón central por la que escribe quien escribe sino para salvarse de las cosas más profundas? Este lenguaje narrativo que resulta ser la intención de crear una realidad a la realidad misma (parafraseando a Campos acerca del libro). Existe un pacto entre narradora y quien lee, y es el de te contaré una historia, es ficción, puede que no haya pasado puede que sí, te va a entretener... y es que quien lee buscará siempre un libro que lo mantenga pendiente de lo que viene a la vuelta de la página y no uno que se caiga de las manos. Jessica Sánchez se convierte, en mi particular juicio, en una de las lecturas obligadas para terminar de entender la narrativa actual en Honduras, porque recupera a mi parecer la emoción de contar historias, la dulce sensación de una historia contada como quien nos acerca lo más que puede al pulso más profundo de un corazón vivo.

Entonces, olvidémonos por un instante que el eje de la narrativa hondureña está tomándose una cervecita y bronceándose en las playas de Roatán y centrémonos en lo que motivó este post: «Las contradicciones de misóginos y homofóbicos literatos de la costa norte o las cosas por su nombre», publicado por Gustavo Campos en su blog ayer 23 de febrero de 2016, en la que resume su accidentada amistad con el círculo de escritores de la Costa Norte es decir con los escritores sampedranos. 

A mí lo que me sigue pareciendo completamente desagradable en el asunto es que tras leer el post de Gustavo, yo sólo veo dolor, un dolor de circunstancias personales de las que yo no tengo licencia para opinar, pero sí la tengo para opinar sobre el actuar de autores hondureños de quienes poco o nada de valor humano se puede contar, de cómo el victimario se convierte en víctima de sus propios actos, es esto último lo que finalmente terminará de poner la tapa al asunto.

Quizá una de las cosas más absurdas es tratar de dividir a la literatura hondureña sin mayor criterio que el geográfico, los del norte que son la mera pija y los de la capital que no son... bueno, que son de la capital nada más... y así ahondar en un regionalismo que no resulta ser más que el pensamiento subdesarrollado de un grupo de escritores cuyos triunfos literarios no alcanzan para salir de las fronteras de este paísito, eso o que la mierda en la que vivimos cotidianamente y el calor de SPS les ha fundido sus cerebritos, luego salen estupideces como la de andar por ahí diciendo que la poesía ha muerto o queriéndoselas tirar de chistositos porque despotrican contra gays y mujeres por igual en sus blogs y cuentas personales en redes sociales, con ese ímpetu podrían dejar de escribir y venir a hacer stand up a Coyote y 1/2.

El punto es que todo esto seguirá ahí mientras sigamos dedicando tiempo y energía al chismorreo de las redes sociales y no a plantearlo por escrito pero sobre todo a despotricar contra los que despotrican contra todo. Y no son sus obras siquiera de las que hablamos sino de la tan reprochable actitud de desvirtuar todo lo que se hace y la misoginia y la homofobia, que en una sociedad que se presume adelantadita estas cosas son completamente intolerables.

Todo este asunto en parte se debe a la ingenuidad con la que vemos las cosas, si Giovanni Rodríguez se queja de las exiguas librerías y de los lectores castos, podría preguntarse él hasta dónde la moral se puede estirar sin romperse en cuanto a honestidad en el medio literario y sobre todo la brutalidad con la que se abusa de los estudiantes en la universidad en las clases de español. 

Pero sobre todo es lo condescendientes que somos, Fabricio Estrada por ejemplo decía en su blog que «con Giovanni podemos entrarle a los altos hornos para identificar la poesía en su nivel de fuego blanco», bien, pero yo no veo cómo eso es posible cuando por otro lado se forman criterios equivocados sobre las relaciones personales pero sobre todo cuando se desvirtúa el trabajo de muchos autores por su militancia política o por un posicionamiento ideológico u orientación sexual o por el hecho de ser mujer, finalmente, lo que no se puede es ir por la vida creyéndose el non plus ultra de las cosas en una sociedad con una diversa manifestación literaria. Y es por eso que me uno al llamado de atención que Gustavo Campos lanza, para defender la literatura pero sobre todo para defender la integridad de quienes nos dedicamos al oficio y reconocer que hay cosas que no se pueden seguir tolerando.

Tomado del blog de Martín Cálix