jueves, 15 de junio de 2017

LA DEUDA QUE ES UN REGALO. Hernán Antonio Bermúdez



“…el guazalo, al que los vecinos llamarían tacuacín, como si fuera un diminutivo cariñoso” 
(p. 35)

        “La poesía es menos previsible que la prosa”. 
                          Eugenio Montale


De estas Honduras mis estampas es el título que le ha dado Miguel Albero a su poemario recién publicado*, a manera de despedida del país donde ha permanecido poco más de tres años y medio como Embajador de España.

  Pero el que parte, una vez finalizada su misión, no es cualquier diplomático. Se trata, más bien, de un talentoso hombre de letras, que ha descollado en poesía, narrativa y
ensayo, y ha sabido combinar sus dotes en ambos oficios.

  Si bien advierte desde el texto introductorio que no quiere incurrir en los consabidos ejercicios literarios que sus colegas del oficio dedican a los destinos que les ha tocado en la carrera, hace de Honduras su teatro de operaciones y recorre su geografía secreta:
Que en el Sur las bondades no escasean,/ Regresa cuando quieras a probarlas,/ Y, hasta esa vuelta feliz y muy cercana,/ Que el calor de esta tierra te acompañe. (p. 62)

  Así, el lector se deja guiar por el poeta desde Amapala (Amapala,/ No seas tan ingrata y ámame –p. 17) y Choluteca,  con escalas en Tegucigalpa (La Tigra y El Hatillo incluidos), la granja Elia (en Siguatepeque), Comayagua, Santa Rosa, Gracias y Copán, hasta San Pedro Sula, Trujillo, Guanaja y Roatán, sin dejar de lado a Lancetilla.

  Aparte está la celebración de las especialidades gastronómicas, tamal, nacatamal, montuca (p. 75), el chanchito crujiente y muy rosado/ y el café con Timochenko bien cargado (p. 54) amén de rosquillas, raspados y chicharrones, el señalamiento de modismos locales, verbigracia el “Fíjese que…”,  “¿Y entonces?”, “Ni quiera Dios”, junto al “vaya pues”, y la detección de gestos peculiares como el señalamiento con los labios ( “Para señalar mis labios bastan”).

  Las asignaciones literarias que el propio autor se impuso de dejar plasmadas sus “estampas”, hacen que tópicos o enfoques antes inimaginables sean, de pronto, admisibles. Y no sólo eso sino que resulten, además, afortunadas.  Así, el lector tiene la sensación de que las palabras se han coludido para encontrar su propio arreglo, con el placer concomitante de toparse con un vocablo calzado a la perfección: Anacahuite, samán, árbol de lluvia,/ Muchos nombres y un tronco solo,/ Bajo tu manto escondes mil rosquillas,/ Juegan los niños, charlan los mayores,/ Invades la plaza de verde y alegría. (p. 15)

  Incorruptible en su frescura, Albero deslíe sus acechos a lugares, hechos y ocurrencias con absoluta maestría técnica y libertad. Es más, se podría decir del libro aquello de que “crea el gusto mediante el cual puede ser apreciado”.

  Pero más que elegías a localidades (No cuentes forastero mi secreto,/ No digas a nadie que aquí reside el paraíso, -p. 51) se asiste a la elegía de estar vivos, al gozo de vivir en este mundo: Nadie se detiene, todos siguen,/ En permanente giro sobre un eje,/ Dando vueltas y vueltas a esa plaza,/ Y con ella al día, a la semana, al mes, / al tiempo, a nuestras vidas. (p. 28)

  La vida, como suele decirse, convierte el tiempo en memoria. Así, Roatán le hace decir a Miguel Albero:

Y llegas a pensar que el tiempo
Como el agua se detiene,
A pensar en quedarte para siempre,
En dejar que el tiempo te arrope
Y se te olvide, en dejarte ir,
En dejarte, en suma. (p. 29)

  Las exploraciones poéticas del autor alrededor de “lo nuestro” abren vías novedosas para indagar en el mundo en que vivimos, desde una visión no por “distanciada” menos perceptiva y eficaz.

  El trabajo sobre el lomo del lenguaje –merced a su destreza y soltura- le permite al poeta pulsar notas que hacen mella y terminan por conmover al lector de la comarca: el texto le “salta” encima por su belleza, perdurabilidad y poder sugestivo. Baste, finalmente, citar sus líneas dedicadas a El Hatillo, cuyo aire de bosque no tropical (p. 44), le lleva a decir que En diciembre, cuando llega la Navidad/ Al Hatillo y hace frío, los pinos se visten/ De fiesta, la niebla se espesa como una salsa (p. 45).

  ¿Visión de ensueño sobre Honduras? Quizás. Ya nos anunció en el proemio lo que se propuso. Así, esa mencionada “deuda” con el país se convierte en un regalo espléndido y en una obra del todo lograda.
                      Tegucigalpa, 15 de junio de 2017


*La edición artesanal, en tapa dura, del libro estuvo a cargo de ManoNostra, y es digna de encomio.

domingo, 11 de junio de 2017

El debut de Ambar Morales, joven narradora hondureña.



Ilustración de Ámbar Morales

Un lector invierte una gran cantidad de su tiempo buscando escritores y escritoras que lo asombren. Cuando por fin descubre entre tantos y tantas, la emoción lo embarga. Comparte al autor/autora con sus amistades. Las amistades responden y asienten y también se asombran y va generándose una expectativa aún más grande de que los textos que han leído pertenezcan a una jovencita de 20 años, considerando que, en su país, Honduras, las escritoras escasean, pues hay quienes se deslumbran más por los jóvenes «experimentados» copistas de Bukowski. A mí en lo personal me emociona la mágica incertidumbre de descubrir a un/una artista. Y en Ambar Morales me ha más que impresionado. 

Desde hace algunos años para acá me encontraba en la tarea persistente de encontrar narrativa joven, buscando con ecuanimidad tanto narradoras como narradores, pero más inclinado, no lo niego, por encontrar escritoras. Los escritores son más fáciles de encontrar, se cuelguen el rótulo de maldito bukowskiano y hacen ruido. Y esta inclinación nació a raíz de las lecturas de las escritoras de la región, que abundan, pero en Honduras, pese a que a finales del siglo XIX y principios del XX, hubo escritoras que comandaban la narrativa. Otra pertenece a no obedecer a la demanda de eventos poéticos en bares e instituciones culturales y artísticos, los y las jóvenes invierten más su talento en poesía. 

Descubrir la narrativa de Ambar fue un acto mágico de deslumbramiento, admiración y respeto a ella y a su compromiso con las artes. Hace sólo poco más de dos años Ambar Nicté Morales (San Pedro Sula, 1997) se acreditó la octava edición del Certamen Nacional Literario Estudiantil convocado por la Sociedad Literaria de Honduras, SOLIHO, con su cuento «Búscalo en el reflejo», en el 2014. 

Ambar Morales es una joven polifacética, además de escribir, estudió música, ilustra y estudia en una Escuela de Cine al mismo tiempo que Arqueología en la Universidad de San Carlos, Guatemala.

Comenzó a leer a una edad extraordinariamente precoz, su casa era una casa de libros, lo cual heredó de su madre y padre, ambos grandes lectores, la primera también una de las escritoras más importantes de las letras centroamericanas actuales. 

Hay casi, podría aventurarme a decir, una obsesión necrológica diluida en imágenes poéticas contrastantes, muerte/ olores de cocina; pero también hay reflexión sobre la muerte que carga cada persona consigo, de tragedia sofocliana, una «sombra de color naranja rojizo» o «el resplandor naranja característico de su muerte».

Detrás de sus textos es más que evidente la lectura, por cómo procede el ritmo de las oraciones, revelando en su discurso, renglón a renglón, el laberinto prístino que va entretejiendo, capturando, a través del misterio y el delirio, que se antoja irresistible, a lectores que gusten del carácter misterioso en su claridad más elemental, articulando, en su engranaje, historias «duras» donde la moral social se entrecruza con una indagación psicológica en ámbitos familiares. El destino inevitable al que el lector ha sido invitado, lo vuelve impotente al poder intervenir en el mundo construido, como en el caso de este cuento donde el personaje principal —Mari— solo intuye la incapacidad de salvar a su hermana Julianna, lo que se convierte, en el texto, en un extraño placer en «un fin en sí mismo». Es fascinante esa crisis planteada en el cuento. 

Lo vuelve ambiguo el hecho que Julia esté «enferma» a los ojos de Mari, pero se comporte «temeraria» como ella misma lo expresa. A Mari sumémosle sus «comportamientos erráticos y ataques de ansiedad y pesadillas» de las que es presa por ver las muertes en cada persona y ver la muerte de su hermana de «color naranja». Otra lectura podría ser que Mari es dotada de cierto espiritualidad y misticismo que le permite ver las aureolas de la gente. 

Este breve diálogo condensa una explosión de emociones encontradas. Y sabe trasmitirlo como si no hubiera procedimientos estilísticos que manifiesten yerros propios de quien comienza a escribir: 

«—Ayúdame —me sonrió. 

Yo le sonreí de vuelta, pero no me moví de donde estaba. 

—¿Mari?»

Fantástico y cruel, alucinante y poético, con planteamientos morales y psicológicos, «Tortura» es un cuento que destaca por su frivolidad, horror y la cadencia de su lenguaje. Un cuento que Leonora Carrington, Patricia Highsmith, Mauspassant o Quiroga amarían, y quizás Showalter y Stubbs lo tendrían entre ceja y ceja como tuvieron la obra de Virgina Woolf, pero, sin duda, ésta, Kristeva y Toril Moi estarían más que contentas al constatar que uno de los objetivos principales de las luchas feministas, que era destruir las eternas posiciones binarias de feminidad y masculinidad, como apunta Moi sobre Woolf, en Ambar Morales lo ha hecho muy bien invirtiendo los fondos de su formación y acervo cultural. 

He aquí el cuento de Ámbar Morales:


Tortura


Tenía tres o cuatro años cuando vi por primera vez la muerte de mi hermana. Una muerte lenta, arrastrante, que la seguía por todas partes. Al principio se mantenía algo distante, unos cuantos metros detrás de ella, pero, con el tiempo, se fue acercando.

No sabía qué era una muerte hasta que mi abuela me lo contó entre los olores de su cocina, mirando a Julia desde la ventana con los ojos entrecerrados.

—¿Julia se va a morir? —le pregunté—.

—No te preocupes por eso.  

Traté de no hacerlo. Ver las muertes se volvió algo normal. Estaban en todas partes. Eran de tan diversos colores como de tamaños. Algunas seguían a sus personas muy por detrás con paso lento y acompasado, como ancianos, y otras estaban pegadas a sus espaldas, con las extremidades rodeándoles el torso, el cuello y los brazos en un abrazo fatal, asfixiándoles el rostro. Como si trataran de engullirlas, absorber sus almas. Cuando se acercaban tanto, nunca las volvía a ver.
Muchas de las muertes, en su gran mayoría, eran rápidas. No te daban el tiempo suficiente para prepararte, o salir del shock de sus primeras apariciones. Un día estaban allí, al siguiente no. Así eran la mayoría de las que miraba todos los días, tan próximas que podías sentir en el aire la tensión de lo cerca que estaba esa persona de sus últimos segundos. Otras, como las de los ancianos, eran las que se acercaban con lentitud, más cerca cada hora, cada día, segundo por segundo. Estas tampoco me gustaban. Me hacían sentir una ansiedad indescriptible.

La muerte de mi hermana era así, como la de un anciano. Lenta, lejana y muy gorda. Se movía con pasos largos e indecisos, tratando de seguirle el paso al caminar frenético y alegre de Julia, siempre un poco rezagada, en algún rincón de una habitación, observando con su forma etérea. Una náusea horrible que empezaba en mi estómago y amenazaba con manifestarse en vómito me sacudía cada vez que la observaba, así que trataba de no hacerlo. Después de tantos años viéndola, intenté ignorarla.

No entendía muy bien por qué la muerte de Julia era así. Tan lejana. O por qué después de cinco, seis, diez años, seguía allí, sin terminar totalmente su trabajo. Algunas veces se me cruzó por la mente que estaba allí sólo para torturarme. Pero sabía que algún día sucedería. Todos lo sentíamos en el aire, aunque mis padres se esforzaban por ignorarlo. Cada año, esa sombra de color naranja rojizo se acercaba cada vez más, y se volvía más grande y más gorda.

A medida que fui creciendo, y el peso del significado de la muerte de mi hermana se fue haciendo más enorme, empecé a tener ataques de pánico. Despertaba de pesadillas horribles donde mi hermana cruzaba un túnel oscuro donde yo no podía seguirla. Pensar en ese día no me dejaba respirar en las noches. Boqueaba por aire, y empezaba a llorar, imaginándome un futuro donde no estuviera.

La posibilidad de un mundo sin ella era insoportable.

Llamaba a mi abuela inconsolable, y ella llegaba a mi cuarto corriendo, dándome cobijo entre sus pechos, susurrándome palabras de consuelo en los oídos, nunca cediendo a las lágrimas, nunca mostrando pesar ni desconsuelo. Terca, inamovible, dolida. Impotente.

Trataba de ser como ella cuando me encontraba con mi hermana. Intentaba con toda la fuerza de mi ser controlarme y no dar a conocer que cada vez que pasaba a su lado, cerca de esa muerte que le respiraba en la nuca, era como si llevara mil agujas en la garganta. De lo inútil que me sentía. Practiqué incontables veces en el espejo para que mi rostro no cediera, para que mis llantos no llegarán hacia su corazón ignorante, que mi alma llena de pesar no la rodeara como la estaba rodeando su muerte.

Para cuando tenía dieciocho años, y Julia dieciséis, su grotesca muerte ya le rodeaba el cuello y el torso con sus brazos largos y pegajosos. Verla atada a mi querida hermana me daba una repugnancia enorme. Tener que soportar todos los días levantarme a las cinco de la mañana, antes que todos los de la casa, y correr a su habitación para chequear su pulso me era imposible. El suspenso me mataba. Soñaba con su muerte todas las noches, con dagas y cuchillos, pistolas y sogas, píldoras y venenos. La seguía a todas partes, lloraba cuando salía sola, dormía en su habitación para sentir su calor y asegurarme que no despertara helada en las mañanas. Mis padres se empezaron a preocupar por mi comportamiento errático, por mis ataques de pánico a la mitad del día o de la noche, por mis gritos de ansiedad y mis ojos rojos, enloquecidos. No sabía qué hacer, nadie podía ayudarme. No podía hacer nada. Aunque lo supiera, no podía hacer nada. 

Deseaba que todo aquello acabara pronto, que ya pasara mi salvación de toda esa pesadilla. Me carcomía por dentro, me dolía el corazón, no dormía, no hacía nada, nada más, no pensaba en nada más que Julianna, Julianna, Julianna.

Terminó pasando un fin de semana en la playa. Era de noche y estaba muy oscuro. En el cielo no había luna. Ella me invitó a nadar un poco antes de acostarnos, en ese momento que nuestros padres estaban dormidos, y yo accedí con gusto, con los ojos enrojecidos.

Corrimos hacia el muelle. En un lado de la bahía había una enorme pared de piedras donde las olas chocaban con violencia. El mar estaba bravo, así que decidimos no bajar a bañarnos en la playa. Sin embargo, siendo Julia tan temeraria como era, propuso ir a investigar entre las rocas. Caminamos un buen tramo entre las piedras enormes y negras mojadas cuando de improviso, ella se deslizó.

Mientras yo iba adelante, balanceándome con mis brazos, Julia cayó en lo que era una pequeña poza de agua sin hacerse daño, riéndose nerviosamente, y trató de escalar de nuevo hacia donde yo estaba. Las rocas eran muy lisas y planas, sin ningún resquicio donde sostenerse, así que no pudo salir sin ayuda. El agua de las olas iba llenando la poza poco a poco, y pronto la haría rebalsar, llevándose a Juli con ella.

—Ayúdame —me sonrió.

Yo le sonreí de vuelta, pero no me moví de donde estaba.

—¿Mari?

Observé su muerte, que ahora le tapaba la mitad de la cara y que formaba una especie de máscara naranja que se movía con sus expresiones. La observé muy detenidamente. Por un momento pensé que si salvaba a mi hermana tal vez la muerte por fin desaparecería. Jamás había visto una muerte desaparecer. Una vez que se dictaba, no podías escapar de ella.

No iba a desaparecer.

Si la ayudaba, no iba a desaparecer. Y yo seguiría viéndola por todos lados. Y seguiría sufriendo.
Me quedé allí, observando cómo el agua llenaba el pozo, hasta que la corriente se llevó a mi querida hermana al mar embravecido. Observé cómo pataleaba contra el agua, tratando de nadar, y luego como las olas la hundían hacia el fondo. Incluso allí bajo el agua, aún creía ver lo que era el resplandor naranja característico de su muerte.

Pero de seguro sólo era un reflejo.



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Ambar Morales
Nacida una mañana de enero de 1997 bajo el caluroso abrazo de San Pedro Sula, Honduras, Ambar fue acogida bajo sus padres multinacionales, la madre, peruana, el padre, guatemalteco, naciendo en un país moribundo. Desde pequeña tuvo libros que la acompañaban al sentirse una extraña en su propia tierra, al mudarse de ciudad en ciudad, y el imaginario hondureño que la acobijaba, adaptándolo a su propia manera. Así, nació su amor por la ficción, la literatura, los cuentos ocultos de Honduras, y su amor por su tierra.


Ahora reside refugiada en Guatemala, estudiando en una Escuela de Cine los fines de semanas y Arqueología en la Universidad de San Carlos los demás días. Nunca deja de escribir ni de dibujar, siempre piensa en su familia, y en su hogar en Honduras, busca emprender cada vez más proyectos, y cuidar de su gatita Nova. Le apasiona la dirección, el guión, los cuentos de ficción, cómics y novelas; sobre todo, busca contar historias que la muevan a ella y le recuerden sus raíces.

miércoles, 7 de junio de 2017

Gustavo Campos "poeta serio" o "de primera clase". Según David Craven y Sergio Ramírez


Buscando una antología que elaboramos en conjunto con poetas cubanos, en la colección “Mar por medio”, Cuarta Dimensión de la tarde (2010), encontré este viejo correo del distinguidísimo Dr. David Craven, Profesor de Historia del Arte en la Universidad Albuquerque de Nuevo México, USA, a quien conocí hace algunos años gracias al Dr. en Historia del Arte Gustavo Larach. 

David Craven, que sigás descansando en paz. Fue una espléndida e inolvidable noche la compartida en Tegucigalpa. 

En correo menciona que Gustavo Larach y él sostuvieron una conversación con el maestro Sergio Ramírez cuando anduvieron en investigación de las obras de arte en época del sandinismo, que luego expuso Gustavo en El Museo de Antropología e Historia de S.P.S. 

sábado, 3 de junio de 2017

Antología abierta de poetas hondureñas en Revista Carátula. Gustavo Campos


He aquí el enlace para seguir leyendo:

Gustavo Campos en la Revista de Letras y Artes La Zebra



Según la Revista de Letras y Artes La Zebra

"El libro perdido de Eduardo Ilussio Hocquetot, que mereció el premio Centroamericano de Novela Corta 2016, es una obra metaliteraria e inclasificable, con muestras de un paradójico sentido de humor, como lo demuestra este maravilloso pasaje".

domingo, 21 de mayo de 2017

Gustavo Campos invitado a la 76 Feria Internacional del libro de Madrid.






Cuando la editorial que te publicará es la misma en la que publica tu artista favorito, Luis Eduardo Aute, Sial Pigmalión. 
Eso, eso, no tiene precio. 

Ahora, que te inviten a presentar tu novela en una de las Ferias más importantes de iberoamérica en Madrid, España, y que toqués puertas y pidás apoyo para tu boleto de avión y las instituciones gubernamentales te digan que no hay presupuesto, pero que también te pregunten e indaguen si has "hablado mal del Partido Nacional" o si sos "nacionalista" para apoyarte, eso tiene nombre. 
Se les olvida que son administradores públicos, no dueños del dinero; además la misma Constitución contempla la obligatoriedad de promocionar a los artistas nacionales. 
En fin...

EL ETERNO RESPLANDOR DE LUIS EDUARDO AUTE. GUSTAVO CAMPOS

Foto: Daniel Mordzinski

Por Gustavo Campos

El encuentro

«La belleza» fue la primera canción que escuché de Luis Eduardo Aute. Sonaba en las radios interpretada por Miguel Bosé. Una mañana del 2003 un amigo me pidió que lo acompañara a la casa de un par de amigas y que le sirviera de Celestino y no lo abandonara en su misión de conquista. ¡Cuántas veces lo acompañé en calidad de cómplice de caza! Pero este nuevo «safari» se diferenciaría de los anteriores gracias a que el hermano mayor de ellas, ex percusionista de Montuca Sound System, me compartió su biblioteca musical. «Sin tu latido» y «De alguna manera» venían incluidas. Así supe de Aute y días después descargué sus discos y lo oí a diario con auténtica devoción.

Una noche del 2004 conocí a otro fan de Aute, el director de Editorial Letra Negra quien además tocaba la guitarra. Ambos episodios tuvieron en común que la nacionalidad de quienes gustaban su música era guatemalteca.  

Años después encontré a otro fan: el artista plástico Mito Galeano.



Una década después conocí a Luis Eduardo en el Festival Internacional de Poesía de Granada, Nicaragua. Me acerqué y le dije que en mis libros de narrativa mencionaba sus canciones y que tenía casi completa su colección de discos más el DVD Slowly; que siempre tuve por sueño -hasta la fecha- traerlo a Honduras si alguna vez ganaba un premio cuantioso que me lo permitiera.

Después de abordarlo, e incomodarlo, subió al escenario y con gentileza dedicó unas canciones al joven poeta hondureño que tan entusiasta lo había abordado.



Semanas después le envié un e-mail diciéndole que me encantaría entrevistarlo. Ambos volveríamos a encontrarnos en Managua con motivo del encuentro de escritores Centroamérica Cuenta que preside Sergio Ramírez.

Conversamos. Me dijo que tendría tiempo disponible la mañana siguiente para realizar la entrevista. Despertar temprano nunca fue mi fuerte así que la entrevista quedó pendiente.

                              

La última vez que lo oí cantar y leer sus poemas de Volver al agua -su obra completa- fue en La Terraza del Centro Cultural de España en Managua. Pasadas las siete de la noche, luego de que José Ovejero nos ofreciera un performance de dos de sus cuentos y que nos hiciera acaso recordar aquella escena contada por Anaïs Nin sobre su amigo Antonin Artaud cuando éste hacía una representación del teatro de la crueldad, pasamos al patio, donde «la luna parecía una guadaña» y su cielo azul como salido de la paleta de Chagal o Van Gogh. Sobre el público pendía como amenaza un árbol cargadísimo de mangos que se asemejaban a una estampida de brujas de «los caprichos» de Francisco de Goya o a aquellos monstruos que acecharon a Orestes en su lecho.



Luis Eduardo subió al escenario. Exhibieron sus nuevos cortometrajes: Frida, sobre su cama un cuadro de Stalin, Diego Rivera y Trotsky completan el primer corto, a los que le siguen uno de Juana de Arco, otro de Magritte y una parodia del comienzo de Odisea en el espacio de Stanley Kubrick, entre otros. Fue como si a través de esta secuencia de imágenes Aute quisiera mostrarnos el contraste entre barbarie y cultura, el genio del artista, o como Halfon lo llama: El ángel literario.


Entrevista completa

Un perro llamado dolor contiene momentos de una belleza intensa en los que se advierte el riesgo, pero también la grandeza de los hombres que se han entregado al arte con auténtica pasión.
Ernesto Sabato

La producción artística de Luis Eduardo Aute alberga más de una treintena de discos y similar número de exposiciones individuales y colectivas de pintura en todo el mundo, poco más de la decena de libros en los que se encuentran sus poemarios y «poemigas», estos últimos en formato de libro-disco; varios cortometrajes y un largometraje, dos de ellos nominados a los prestigiosos Premios Goya y San Sebastián y expuestos en Festivales de cine de Europa y América. Ha recibido numerosos homenajes musicales –Giralunas y Mira que eres canalla, Aute–, y poéticos –Poesía amiga y otros poemigas para Aute– y el reconocimiento unánime del mundo artístico.

En sus canciones muestra un amplio conocimiento de la cultura e historia del arte, en cuyas composiciones hace referencia a libros, música y cine. El amor, el erotismo y la sensualidad son parte de los temas abordados. Su mundo poético oscila entre el surrealismo y las expresiones coloquiales. De igual forma en su obra se entremezclan el humor, la sátira y el sarcasmo con el desciframiento del «enigma que supone la existencia del animal humano». Aute refleja, según Bonald, la premisa de que «la poesía que no es divertida es oratoria». Ernesto Sabato lo comparó con Rimbaud «por su anhelo de poseer la verdad en un alma y un cuerpo». Fernando Savater se refiere a él como «el pintor de la carne y el alma de los ángeles que le frecuentan». Y para mí es el músico que puedo oír durante semanas sin que su música me aburra, gracias a la variedad de sensaciones y emociones que exploran y producen sus discos.

Esta entrevista constaba del doble de preguntas como si estuviera destinada a publicarse en la revista Rolling Stone, lo que asustó a Luis Eduardo. En respuesta a su desmedida extensión, la tildó, humorísticamente, de «en-cíclope-dica». Al final, siempre amable, con su lúcida ironía y un sentido del humor siempre presto a subvertir cualquier aire de seriedad, me hizo comprender que, a causa de sus innumerables compromisos, su tiempo era poco y que, definitivamente, debía reducirla. He aquí la entrevista dos veces postergada en distintos encuentros en los que coincidimos, cuyo objetivo no es otro más que el de despertar el interés por su obra y trayectoria y para que Honduras deje de ser el único país centroamericano que Luis Eduardo Aute no ha visitado.




Papel que jugaron sus padres en su formación artística.
En el colegio era un pésimo estudiante en todas las asignaturas salvo en dibujo y lengua, donde casi siempre sacaba las mejores notas. Siendo consciente de que tenía una fuerte tendencia a las artes, mis padres me apoyaron en todo momento: me compraban pinturas, libros de arte, una guitarra… Mi padre tenía facilidad para la caricatura y me estimulaba para hacer retratos a toda la familia.

¿Qué significó para Aute el éxito de Aleluya n° 1? ¿Es cierto el mito que circula por las redes que a raíz de esa canción Paul McCartney escribió «Leit it be»?
El éxito de «Aleluya» fue mundial, se hicieron versiones en caso todas las lenguas. La versión en inglés fue adaptada por Sheila Davis e interpretada por Ed Ames con el título «Who will answer» («quién responderá») que llegó al nº 6 de Superventas en la revista Billboard. La anécdota que relaciona la canción a «Let it be» de Paul McCartney se debe a que algunos meses después de la edición de mi canción, McCartney publicaba su «Let it be»… Sucede que, en ese momento, Gil Beltrán el director de mi compañía discográfica, RCA, se encontraba en Nueva York en la sede de la Central de la Compañía, y, hablando con el presidente de la compañía salió el tema de que la canción de McCartney parecía responder a una serie de preguntas que enunciaba «Who will answer» y parecía que la canción del Beatle respondía, en su canción, a esas preguntas en la letra. Es seguro que McCartney escuchó mi canción porque fue, como dije, un éxito mundial, y, según me contaba Gil Beltrán, no es improbable que así fuera. Es una tonta anécdota… en todo caso habría que preguntarle a McCartney.

El éxito de mi canción fue tan desbordante que me pilló muy desprevenido, y en algún momento me planteaba tomar decisiones en cuanto a seguir con mi trabajo como pintor que ya empezaba a realizar exposiciones en Ferias Internacionales o dedicarme a componer canciones y grabar discos. Opté por abandonar la música y seguir pintando. Así estuve cinco años… En vista de que seguía componiendo canciones que cantaban otros intérpretes, y estimulado por José Caballero Bonald para que volviera a grabar, decidí no decidir nada y seguir pintando y componiendo. Así hasta 1973, año que grabé «Rito» producido por Pepe Caballero Bonald que trabajaba para la compañía Ariola como responsable del catálogo de flamenco.

La canción «Enamorarse o morir» la cierra espectacularmente con una cita de La Divina comedia. Este mismo recurso lo utiliza en «Slowly». Y si bien recuerdo, en otras canciones.
En muchas otras… me divierte incluir «citas» de otros autores siempre que añadan otra perspectiva al motivo de la canción.

En una ocasión le oí decir que la canción «Mojándolo todo» nació como poema. Cuéntenos al respecto. No está de más comentarle que «Sin tu latido», «De alguna manera» y el disco Mano a Mano, a dúo con Silvio Rodríguez, son muy populares en Honduras.
Efectivamente, «Mojándolo todo» fue, en principio, un poema escrito en verso libre que acabé poniéndole música.

De todos sus discos, ¿hay alguno en especial que le haya hecho sentir que todo encaja, melodía, ritmos, vibras, sintonías, letras… como si fuera un universo cerrado y cósmico?
A partir de «24 canciones breves», en casi todos, si no, no los hubiera presentado. Pero, probablemente el disco más «cerrado» en el sentido que me preguntas, donde junto poesía, música y pintura, es «Templo».


En una entrevista le oí hablar de varias de sus grandes influencias, entre ellas Leonard Cohen, Bob Dylan, entre otros. Háblenos al respecto.
Las primeras influencias fueron diversas. Muy al principio fueron los poetas/compositores franceses: Brel, Brassens, Ferré… Ellos me descubrieron que la poesía podía ser cantada. Luego descubrí a Dylan, que también me sorprendió en ese sentido. También me influyeron la hondura y la sensibilidad «minimalista» de Yupanqui, la musicalidad de los Beatles… muchos.

¿De dónde provino la palabra «Albanta»?
«Albanta» fue una palabra inventada por mi hijo mayor, Pablo. Surge de un poemita que escribió cuando tenía 4 años, decía así: «Las alas del agua/ vuelan por los ríos de Albanta».
La palabra me pareció muy bella y sugerente… Le pregunté qué significaba esa palabra, y me respondió: «nada, se me acaba de ocurrir».

Leí en Sony music que recientemente 16 artistas le rindieron homenaje, disco al que llamaron «Giralunas» y en el que viene adjunto un DVD con un mediotraje de 30 minutos. El grupo de artistas lo integran Natalia Lafourcade, Miguel Poveda, Estopa… Antes había aparecido Mira que eres canalla, Aute, donde cantan Ana Belén, Fito Páez, Joaquín Sabina, Pedro Guerra, Jorge Drexler, etc. Qué significa un homenaje para Luis Eduardo Aute.
Te puedes imaginar, una enorme satisfacción… y pensar que no fue en balde todo el trabajo realizado, para algo sirvió.



De todas sus canciones, a cuál considera como su art poetique.
Tal vez «La Belleza» … pero ese «art poetique» creo que todavía está por escribir.

Ahora pasemos al cine, a su experiencia como guionista de Cibeles, que fue galardonado como el mejor guion experimental del Festival de Cine de San Sebastián.
El cine siempre me interesó como «arte total» en cuanto a que integra todas las artes y, además, tiene un lenguaje propio. En algún momento, cuando andaba por la veintena quise dirigir películas y trabajé en algunas como «meritorio» de dirección, para conocer el oficio.

Ernesto Sabato dijo que Un perro llamado dolor «contiene momentos de una belleza intensa». Goya, Dalí, Frida, Picasso, entre otros pintores, aparecen en ella. ¿La considera su obra más ambiciosa?
«Un perro llamado Dolor», mi único largometraje, sólo fue candidata a los Goya de animación, no recibió el premio. Pues sí, creo que es mi trabajo más ambicioso.

Háblenos de los «poemigas» y de sus primeros poemarios publicados.
Sí, son unos textos breves que escribo, un poco aforismos, un poco greguerías, un mucho juego de palabras… Todos ellos se están recogiendo en la serie «AnimalHada». Ya hay seis entregas con la aparición, en breve, de «El SEXto ANIMAL» editado por Espasa-Calpe.



Háblenos de Volver al agua.
«Volver al agua» es el título genérico que recoge toda mi obra poética que consta de 3 poemarios: «La matemática del espejo», «La liturgia del desorden» y «Templo de carne».

¿Cuáles considera que son los temas que más explora en sus obras de arte?
Todo lo referente al enigma que supone la existencia del animal humano, todo el Universo que lo conforma.

A sus pinturas las caracteriza el erotismo, además del influjo onírico y surrealista, con elementos simbólicos como peces, pubis, pezones, sangre… ¿Baudelaire, Picasso, Magritte y Chagall podrían mencionarse como parte de sus influencias?
Sí… y Marcel Duchamp, Buñuel, Goya, Velázquez, Bacon, García Lorca (sus dibujos), Lautréamont… y, sobre todo, la poesía de Paul Éluard.


¿El homenaje «Giralunas» y el libro Volver al agua estarán a la venta en Honduras?
No lo sé, pero me encantaría que estuvieran distribuidos en Honduras.

Algo que sepa de Honduras o que quiera compartir o decirle a sus fans de este país.

Lamentablemente, apenas tengo información sobre Honduras y su actividad cultural… Tengo algún conocimiento sobre la obra de Juan Ramón Molina, de Jacobo Cárcamo, de Roberto Sosa… y poco más.





POEMAS DE VOLVER AL AGUA


DIOS SE LO PAGUE  

Ha sido 
un combate a vida, 
un cuerpo a cuerpo 
contra la vida misma.  

Desde este cadáver de palabras, 
a mi efímera vencedora 
suplico 
el derecho a ausentarme 
durante alguna eternidad 
de la mortaja que son sus latidos.  

Dios se lo pague.

GÉNESIS  

Hízose de sol a sol, 
a su propia imagen y semejanza 
a base de observarse en la sangre que manchaba 
las siete lunas que rompió 
en su ceguera.   

CON PACIENCIA Y CON SALIVA  

Con paciencia y con saliva 
se tiró un elefante a una hormiga 
muerta 
la más triste historia de amor... 
¿o no?

COMO LA MUERTE  

Como la muerte 
la única diferencia es 
este tremendo esfuerzo 
este tremendo esfuerzo por respirar


VOLVER AL AGUA

Y después
de los fuegos ahogados
por las matemáticas del espejo,
las liturgias del desorden
y otros templos
de mundos, demonios y carne,
cuando ya el crepúsculo
es oro que baña los restos heróicos
de naufragios por venir
y la noche de hielo se presiente próxima,
me apresura la inaplazable sed
de volver al agua,
al origen mismo donde se fraguara
el hierro de la vida,
con la irreductible intención de revivir
desde las húmedas pavesas de lo vivido,
tiernos incendios de olas
en tus sueños,
y en los míos,
feroces océanos de luz
entre humos de espumas olvidadas,
con el soplo apenas
de mi latido
más ávido de ti.
Pero antes,
tendré que quemar con lágrimas
todas las fotografías.

EL TERROR QUE PRODUCEN LAS UÑAS

El terror que producen las uñas
cuando se clavan en el aire
algo así como la pupila ametrallada
por la primera luz después del sueño
como las palabras en su doble trampa
de muro y espejo
como la heroica decisión
de seguir esperando no se sabe qué
cierto que la estupidez
(que posee una peligrosa capacidad
para tomarse a sí misma en serio)
dulcemente asesina



ELEGÍA AL ACEITE DE RICINO


El hombre histórico es un hombre moderado,
construido; el biológico es el origen, lo primero.
-Marco Ferreri-

Me apresuré en emitir un vómito,
¡hélas!
Oh gratuidad de la materialización de una náusea
dadas las circunstancias políticas
no es conveniente ni oportuno.
Esperanza, compañero, confianza,
¡abajo los escepticismos personalistas,
retrógrados e insolidarios!
Vómitos del mundo, uníos
UNO A UNO
y ahogad en bilis pura
a los constructores de futuros.
Que no sean también vuestros jugos gástricos,
alimento para sus calculadas estrategias.


LAS REGLAS DEL JUEGO  

No es jugador 
quien impone reglas al juego,  
es un impostor.

HUEVO O ZIGOTO

Finalmente el principio
del final que empieza
o
la gallina
fue antes que el huevo que puso
fin al principio de la gallina que lo puso.


CAN DE CANÍBAL

Perro te digo perro,
no muerdas, suéltame
un diente
uno nada más
que uno, perro
angular de la Esfera.



EL HÉROE ABSOLUTO  

Nunca admitiré tu parca sonrisa. 
Mi decisión es firme, rotunda, 
irreversible. 
Y por defenderla, me comprometo 
a pagar con la vida si es preciso. 
No. 
Nunca admitiré tu sonrisa, 
Parca.   

NOBLEZA OMBLIGA  

Si Dios tuviera cuerpo humano, 
con toda certeza no tendría 
ombligo.


NO SOY DIGNO

No soy digno, mujer,
no soy digno
de entrar en tu morada.
No debe ser el Paraíso
cueva para el ladrón
encarcelado.
No soy digno, mujer,
no soy digno
de entrar en tu morada
aunque las catedrales
estén llenas de polvo, cenizas
y nada.
No soy digno, mujer,
no soy digno
de entrar en tu morada
porque, como los tiranos,
no querré salir nunca
de ella.
No soy digno, mujer,
no soy digno
de entrar en tu morada.
Es vientre la mar para el pirata
no para el viento que besa
su bandera.
No soy digno, mujer,
no soy digno
de entrar en tu morada.
Lo haría, únicamente,
si me lo pides
indignada.
No soy digno, mujer,
no soy digno
de entrar en tu morada
si me amas, como yo te amo,
sobre todas las cosas.