martes, 30 de agosto de 2011

El venerable Veneranda. Carlo Manzoni



El señor Veneranda se detuvo delante de la puerta del garaje de una casa, miró las ventanas oscuras y silbó varias veces como llamando a alguien. Un señor se asomó a una de las ventanas del tercer piso.


– ¿No tiene llave? –preguntó el señor, gritando, para hacerse oír.

–Sí, no tengo llave –gritó el señor Veneranda.

– ¿Y la puerta del garaje está cerrada? –gritó nuevamente el señor asomado a la ventana.

–Sí, está cerrada –contestó el señor Veneranda.

– Entonces le tiro la llave.

– ¿Y para qué? –preguntó el señor Veneranda.

–Para abrir la puerta del garaje –respondió el señor asomado por la ventana.

–Está bien –gritó el señor Veneranda–. Si quiere que abra la puerta del garaje tíreme la llave.

–Pero ¿usted no vive aquí? –preguntó el señor asomado a la ventana, que empezaba a no entender nada.

– ¿Yo? No –gritó el señor Veneranda.

– ¿Y entonces para qué quiere la llave?

–Si usted quiere que le abra la puerta del garaje necesito la llave, ¿no es cierto? No puedo abrir esa puerta con mi pipa, ¿no le parece?

–Pero si yo no quiero abrir la puerta del garaje –gritó el señor asomado a la ventana–. Creía que usted vivía aquí. Lo oí silbar.

– ¿Porque todos los que viven aquí silban? –preguntó el señor Veneranda, gritando siempre.

–Si no tienen llave, sí –respondió el señor asomado a la ventana.

–Yo no tengo llave –gritó el señor Veneranda.

– ¿Puede saberse por qué gritan tanto? No se puede dormir –ululó un señor asomándose a la ventana del primer piso.

–Gritamos porque el señor está en el tercer piso y yo estoy en la calle –contestó el señor Veneranda–. Si hablamos en voz baja no nos entendemos.

–Pero, ¿qué quiere usted? –preguntó el señor asomado a la ventana
del primer piso.

–Pregunte al inquilino del tercer piso qué quiere –dijo el señor Veneranda–. Todavía no he entendido: primero quiere tirarme la llave para que abra la puerta del garaje; después no quiere que abra la puerta del garaje; después dice que si silbo tengo que vivir aquí. En suma, todavía no he entendido. ¿Usted silba?

– ¿Yo? ¡No! ¿Por qué tendría que silbar? –preguntó el señor asomado a la ventana del primer piso.

–Porque usted vive aquí –dijo el señor Veneranda–. El tipo del tercer piso dice que todos los que viven en esta casa silban. ¡Bah! De todos modos eso no me interesa. Si se le antoja, silbe todo lo que quiera.

El señor Veneranda saludó con una inclinación de cabeza y continuó con su camino, murmurando que esa casa debía ser un asilo de locos.