martes, 7 de enero de 2014

Limonov por Limonov.



A Edouard Veniaminovitch Savenko, alias Limonov (1943), lo conocemos gracias la aclamación del libro del escritor francés Emmanuel Carrère titulado simplemente Limonov. Desde su publicación en 2011, ha vendido cientos de miles de ejemplares en el mundo debido a que su objeto de estudio es este escritor ruso tan multifacético.
Sin embargo, el Limonov de Carrère es, hasta cierto punto, una creación artística; hay un Limonov real y diferente, o al menos así lo refiere él mismo en esta entrevista, la cual  tradujimos casi en su mayoría del francés. Le entrevista fue llevada a cabo por el periodista Axel Gyldén en el invierno de 2011-2012 en París, justo después de la publicación del libro de Carrère, y fue tomada del sitio oficial del escritor ruso en idioma francés (donde pueden encontrar más detalles de su obra y vida).


A comienzos de la década de 1990, usted desapareció de los medios franceses y fue exiliado de los ambientes literarios parisinos debido a su apoyo pro-serbio en Yugoslavia. Pero, de pronto, el libro de Emmanuel Carrère ha hecho de usted un fenómeno literario. ¡Vaya resurrección!
Lo veo como una victoria, una revancha y asimismo como una venganza. El mundo solemne de las letras francesas me veía por encima del hombro desde hacía veinte años y ahora me le impongo una vez más como el héroe de una novela muy popular. No solo es agradable, sino también demuestra que sigo interesándole a los franceses. La lógica es esta: Francia es una gran nación literaria y yo, yo soy un gran escritor comparable a Céline o a Jean Genet. Y, lo mejor de todo esto, es que me impose de nuevo sin tener que renegar de mí mismo. No me doblegué, no cedí ni puse una rodilla en tierra. El libro de Carrère es un reconocimiento de mi persona en su totalidad. Tienen que aceptarme tal y como soy. Soy un poco como Bakunin, el teórico del anarquismo y quien dio las bases del socialismo libertario, cuya notoriedad incluso exasperaba al mismo Marx hasta que no le quedó de otra más que constatar la importancia de Bakunin, quien era reconocido en el mundo entero. Y parece que, de acuerdo a Le Canard enchaîné [periódico satírico], Nicolás Sarkozy ha recomendado a su equipo que se lea Limonov de Carrère. “Quiero entender a la Rusia”, dijo, “no hay que olvidar que este país es 46 veces más grande que Francia”. Es también una buen indicio de mi popularidad, la cual evaluo en dos extremos: la mitad de la gente me odia y la otra mitad me admira. Y el meollo de todo esto es que no busco la admiración ni me preocupa el odio de algunas personas.

No todo mundo es admirador de Edouard Limonov. Los jurados del Premio Gouncourt en el 2011 eliminaron su nombre con el pretexto de que usted sería particularmente antipático…
No me sorprende. He leído comentarios adversos de Didier Decoin, la Secretaria General de la Academia Goncourt. Su opinión refleja el tipo de pensamiento en voga en Francia, un país ideológicamente anticuado y arcaico donde los intelectuales se resguardan en dogmas trasnochados; viven en la época del estalinismo y del nazismo, no comprenden nada de la modernidad. De cualquier forma, los premios literarios son una mierda. Mira el Premio Nobel, siempre desapercibido de la realidad. Solamente un puñado de genios lo han ganado mientras que un centenar de escritores mediocres son premiados con él. ¿Quién, por ejemplo, se acordará de Tomas Tranströmer, laureado en el 2011? El Premio Goncourt es mucho peor. El librito de Carrère es, al parecer, muy superior a L’Art française de la guerre de Alexis Jenni, a quien no he leído, y, por esa misma razón, se lo dieron. Sin embargo, es verdad que la mayoría de los premiados con el Goncourt pasan a mejor vida apenas los premian.
Es inútil preguntarse sobre la naturaleza humana, es vindicativa, revanchista y envidiosa. En Rusia las cosas son iguales, porque una parte de la intelligentsia me detesta. A veces, los demás de mi generación me envidian porque yo soy famoso y ellos no. Es una historia tan vieja como el mundo; los escritores cristianos ya escribieron suficiente sobre el poder del sentimiento de la envidia.

De cualquier forma, usted tiene una gran deuda con Carrère y su libro, las ventas rozan la cifra record de 300 mil ejemplares.
¿300 mil? Mucho mejor para él. Pero, sabe algo, en mi país la difusión de algunos de mis libros han rebasado los millones, notablementeLe poète russe préfère les grands nègres y Oscar et les femmes. Es justo que mencione el éxito de las ventas, lo reconozco. Es verdad que el éxito de Carrère me ha ayudado, pero yo también he ayudado a él. Nuestra pareja es similar a la de Régis Debray y el Che Guevara. Sin los franceses, quienes introdujeron al revolucionario al público europeo, Guevara no hubiera tenido probablemente la misma aura. Lo mismo Jesucristo: sin la traición de Judas, el hubiera sido, tal vez, olvidado en la historia. Yo sé como funcionan las cosas; la imagen de la Sibila que guía a Eneas hacia las flamas, en la Eneida de Virgilio… hacen falta dos para penetrar en el infierno. Todo esto es bueno, porque Francia se interesa de nuevo en mi obra, la cual está compuesta por más de cincuenta libros. Le poète russe se ha agotado y no ha sido reeditado. En Amazon, su costo rebasa los 300 euros. La verdad sea dicha, yo estimo que su verdadero valor debería ser alrededor de 3 mil, tal vez 30 mil euros, pero bueno. Será reeditado muy pronto, supongo, y varios de mis libros, ahora inéditos en Francia, serán traducidos también.

¿Cuál de todas sus vidas prefiere? ¿La de bribón, poeta, vagabundo, ayudante de cámara, escritor, soldado, político?
Pero, si no he tenido más que una sola vida. Emmanuel Carrère concibe todas estas secuencias como las piezas de un mosaico inverosímil. Según yo, él tiene coherencia con algunas raras excepciones. Los periodistas franceses me han preguntado si el Limonov de la novela coincide con el original; yo me rehúso a responderles. Un día, a lo mejor, diré lo que realmente pienso del libro de Carrère. Él ha leído todos mis libros, todos mis artículos y me entrevistó durante quince días. De cualquier forma, ha hecho un buen trabajo, incluso aunque un escritor ruso habría hecho probablemente un retrato diferente. Carrère me describe como un tipo frío y es divertido porque, en mi opinión, él lo es bastante más; es reservado, firme, inhibido. Entre nosotros hay una gran diferencia. En cuanto a mí, yo no tengo miedo de presentarme tal cual soy con mis defectos. Él quiere tener una apariencia aceptable. Le falta madurar un poco. Está bien no ser perfecto, tener imperfecciones. Yo siempre pienso que tengo mucho que decir. El tiempo que viví en París, en el Marais, yo quería que alguien me escuchara. Ahora, tengo una oportunidad una vez más de explicarme para que los franceses sepan quien soy. Algunos dicen que soy un antihéroe o un cabrón. Es falso. Soy, al contrario, un caballero agradable digno de respeto. Sólo hace falta tiempo para que comprendan mis motivaciones.

Hasta ahora, toda la vida política rusa del siglo xxi ha estado dominada por Vladimir Putin. A pesar de la aversión que le inspira, ¿admitiría que el maestro de Kremlin es un político hábil?
Putin no es un político, es un administrador, siempre lo ha sido. Cuando, en los años de 1980, él era un pequeño coronel de la KGB en Dresde, en Alemania del Este, no hacía el trabajo de un oficial, sino de un burócrata que cada día debe encontrar la mejor manera de pasar el tiempo. ¿Y por qué? Porque la Stasi [policía secreta alemana] era muy eficiente y no necesitaba gente de la KGB. Después, Putin trabajó como funcionario adjunto a Anatoli Sobchack, el alcalde de Leningrado —rebautizado San Petersburgo en 1991 bajo su mandato—. En realidad, la carrera de Putin no es la de un político que debe pugnar por un lugar en el seno de un partido y que enfrenta luchas internas. Él nunca ha sufrido una competencia. Entró a la política por una puerta secreta como un colado, cuando Boris Elstine, ya viejo, lo designó como su sucesor. Entonces, después de sus dos mandatos (2000-2008), Putin se ha comportado como un playboy, perezoso y superficial, le gusta disfrutar los atributos materiales del poder. Recuerde la tragedia del submarino Koursk en el 2000: ni siquiera tuvo la cortesía política para interrumpir sus vacaciones en Sochi para manifestar su solidaridad y compasión con los familiares de las víctimas. Es un imbécil.

¿Es Vladimir Putin un dictador?
Sí, pero no es uno del siglo XX, sino un dictador del siglo XXI y por eso es diferente. Stalin gobernaba por la violencia y el terror; Putin por la mentira absoluta. La televisión miente, la justicia miente, nuestros funcionarios políticos mienten, los partidos políticos son falsos y las elecciones son un simulacro de la democracia. Putin ha construido una villa Potemkine donde nada es verdad.

En su opinión, ¿cuál es el lugar de Rusia a escala internacional hoy en día?
¡A la altura de la bota de los Estados Unidos! Mire el comportamiento de Putin el 12 de septiembre de 2001, al siguiente día de la tragedia de los atentados terroristas en Manhattan. Lloriqueó, fue un mar de lágrimas. Está bien expresar su humanidad, pero ¿qué significó eso? La concesión a los Estados Unidos del usufructo de nuestras bases militares en Asia central, así nomás, sin contrapartida. En pocas palabras, se ha entregado Asia a los estadounidenses.



Comete un error, porque Occidente le tiene miedo a Putin…
¡Qué buena broma! Occidente no le tiene miedo a nadie. Los dirigentes europeos son caníbales, siempre están listos para aplastar al resto del mundo.
 ¿Europa tiene miedo de Putin? Pero si es la Europa que ha aterrorizado al planeta durante dos milenios. Y, en este punto, los musulmanes tienen razón. Europa es una fuerza destructiva y sus dirigentes son caníbales. En cuanto a Rusia, ella jamás, jamás, jamás ha agredido a Occidente. Napoleón fue quien vino a nosotros, lo mismo Hitler: el apetito de los europeos no tiene fondo.
Cuando veo las “fotos familiares” de los consejos de ministros europeos, no puedo evitar pensar en su voracidad de conquistadores, se le ve en sus feos rostros. Parecen gente que ha bebido alcohol durante generaciones enteras, con el aliento podrido. Con esas caras, esos ojos, se pueden devorar niños todos los días. Mire a los holandeses, son sádicos. Siempre escuálidos, muy agresivos. No olvide que su número de participantes fue grande en los rangos de la policía de Hitler. Ahora apoyan las campañas militares de Estados Unidos y de Gran Bretaña. Son aficionados a la destrucción, diría. Siempre están listos para prestar ayuda a los estadounidenses.
Viniendo de un admirador del imperialismo soviético, la crítica contra el imperialismo europeo es un tanto sorprendente…
Hasta donde sé, no fueron los soviéticos quienes colonizaron las dos Américas, África, India o la Indochina, fueron los europeos.



¿Cómo le gustaría morir?
Siendo asesinado, eso sería más digno. Es mejor que morir de un ataque de hemorroides.

¿Qué le gustaría que se dijera de usted? ¿Cómo le gustaría que fuera su funeral?
Me da igual. Sin embargo, me gustaría que las personas se interesaran en mi vida y en mi obra después de mi muerte. Ya advertí a mis amigos del partido, nada de embalsamiento. Y, si alguno viese que me erigen una estatua, que la destruya con un martillo neumático.



¿Qué le gustaría heredar a las nuevas generaciones?


La idea de que es posible ser un héroe en el siglo XXI.


Traducción de Francisco Serratos.



Fuente: Blogindie