viernes, 7 de mayo de 2010

Habitación como estuche de muerte


Armando Rivera*

Ese lugar donde acontece el destello antes de la muerte es la habitación sorda, vacía, insulsa, que con agravio nos convoca. Un lugar impreciso pero necesario; por consiguiente, a cada cual le corresponde su certero espacio donde morir. Gustavo lo sabe y lo asume. El autor se levanta día a día con la seguridad de encontrar ese lugar donde rendir cuentas a esta vida. Una vida que, en muchas ocasiones, nos perfila sus acerados dientes y se convierte en una mueca con la aprendemos a llorar, sufrir o desangrarnos, entre otras calamidades y barbaridades con las que transitamos ese calendario que ha sido impuesto. Nada, entonces nada, debe ser el balance con que nos enfrentamos al final en este combate cotidiano, morir, tal vez la posibilidad más amplia.

En el libro de Habitaciones sordas encontramos una gran soledad. El autor posee una angustia por las sombras y el vacío. Volver con la palabra muerte en cada amanecer, obliga al autor, y al lector cómplice, a participar en el momento donde la muerte encuentra la resurrección: la poesía; que en muchas ocasiones es un grito desesperado y angustiante, un verbo calcinado por la osamenta del tiempo, que nos arropa, que nos derrota. Sin embargo, Gustavo encuentra una ruta para salvar la oquedad de esta calavera sonriente, y es la palabra precisa donde la primavera revienta, en rebeldía, por el amor a un sol oculto. Una inquietante sensación de vacío rodeado de sombras nos embate cada vez que visitamos este poemario, la muerte paranoica también tiene la posibilidad de su fallecimiento; morir la muerte como acto de insurrección ante la vida es una de las memorias del arte, luego de esto, volver el verbo poesía.

Intuyo que el poeta, Gustavo Campos, concluye su mejor habitación en el estuche de muerte con que cada uno se viste al final de la vida; ese cajón inerme de madera, ahí la postrema habitación en la que uno participa. Una apreciación certera que me conjuga este poemario es que no habrá que preguntar nada en la última habitación, en consecuencia no habrá respuesta, luego de esto, acaso uno se convertirá en un recuerdo errante en la memoria de los olvidados o de los derrotados de la vida. Necios los poetas que empalabran la muerte con poesía.

Prólogo al poemario Habitaciones sordas (Editorial Letra Negra, Guatemala, 2005)

*Escritor guatemalteco